Las tribulaciones del Whatsapp

“Uno debe analizar las cosas tal como son y no pensar cómo deberían ser”. Sabio consejo acuñado por Nicolás Maquiavelo en su obra magnánima “El príncipe”. Aun así, no es fácil evitar caer en el vicio de imaginar mundos perfectos o situaciones ideales. A veces, a la hora de reflexionar sobre un determinado tema, caminamos sobre la delgada línea que separa la reflexión sobre la realidad, del mundo de la fantasía, donde caemos en la tentación de perdernos.

Realizar una reflexión sobre un determinado tema puede llevar al lector al famoso “darse cuenta” que lo incitará y motivará a buscar el cambio y a romper las estructuras. Sin llegar al idealismo desconectado de la realidad, el análisis crítico permite abrir los ojos de las personas. Por supuesto, se pueden producir materiales (ya sea en formato de textos o vídeos) más aplicables que otros. En este sentido, un texto con consejos pragmáticos sobre cierta temática pueden abrir los ojos de las personas al mostrarle la forma de proceder ante determinadas situaciones.

He recibido una gran cantidad de mensajes referidos al texto titulado “La era de la incomunicación” en el cual planteé en forma crítica como el chat (ya sea desde una computadora como desde un dispositivo móvil) ha entorpecido nuestra forma de relacionarnos con los demás. No solo destruyendo posibles vínculos, sino también entorpeciendo la comunicación entre conocidos, amigos y familiares.

De hecho, muchos de los mensajes provenientes de nobles caballeros, se referían a la célebre temática del levante por chat, de la cual no tengo mucha experiencia ya que, por los motivos establecidos en dicho artículo, simplemente trato de utilizar el contacto físico en tiempo real al relacionarme con otras personas. Por lo tanto, para poder escribir este artículo realicé una serie de entrevistas a una suerte de “expertos” en la materia los cuales me iluminaron con una variada cantidad de consejos. Fue como en los tiempos en donde realizaba investigaciones con metodología cualitativa. A través de entrevistas, la idea fue entender el funcionamiento de las relaciones virtuales. Por supuesto, me opongo rotundamente a ellas y al medio de comunicación utilizado. Ahora bien, hay que ver el mundo como es y no como debería ser y, lamentablemente, muchos hombres dependen de este medio para enhebrarse algo decente. O al menos lo necesitan para relacionarse con mujeres. Aun así, los sabios consejos extraídos de estas entrevistas no estarán enfocados en el chat propiamente dicho, sino que estarán encuadrados en un paradigma más holístico. Por último, hago la aclaración de que, para muchos temas mencionados, haré muchas generalizaciones, consciente de que para cada temática siempre hay excepciones (y a veces las suficientes para cuestionar la regla). Aun con el riesgo de sonar prejuicioso prefiero que el aporte sea pragmático. Así que caballeros, sin más preludio, aquí van:

Primer consejo: siempre que estemos chateando con una bella cortesana conviene mantener un apropiado acompasamiento temporal ¿Qué quiere decir esto? Si ella tarda dos minutos en contestar, nuestro siguiente mensaje deberá ser enviado al menos tres minutos después. Si ella tarda dos horas en contestar, nosotros contestaremos a las tres horas. Y si ella tarda un día en contestar, nosotros tardaremos un día y medio. La idea es sub comunicar que tenemos vida y que no estamos tan necesitados. Lo cierto, es que la mayoría de los onanista que intentan levantar una damisela utilizando el chat no tienen mucha vida y están bastante necesitados. “Hay mucha hambre” como diría una buena amiga.

La pregunta del millón es: ¿Porque tardar un poco más y no lo mismo en responder cada mensaje? Bueno, según uno de mis celebres entrevistados, “de esta forma revertimos el marco en el que muchas mujeres ponen a una cuantiosa cantidad de caballeros. Es decir, hacemos que ella sea la necesitada, que venga a nosotros (…) En general las mujeres aman a los tipos que son indiferentes con ellas, aman a los “asquerosos” porque lo interpretan como seguridad”.

Según otro de mis entrevistados, esta estrategia debe incluir un “clavado de visto” una vez cada cuánto. Es decir, lo que se debe hacer es ver el mensaje para que la susodicha contemple que éste ha sido leído y, luego, no respetar la regla del acompasamiento y tardar bastante en contestar (de doce a dieciocho horas). Según un reconocido sociólogo de Cambridge, quien prefirió mantener su anonimato para este artículo, realizar esta acción generará ansiedad en la dama, quien se pasará todo el día preguntándose: “¿Que habré hecho mal? ¿Qué habré dicho para ofenderle? ¿Se habrá enojado?”.

Por algún motivo que no entiendo, las cortesanas se ven particularmente atraídas hacia los hidalgos que se enojan con facilidad. Según el ya citado sociólogo (quien en el mundo virtual es conocido bajo el seudónimo de “Sex Machine” o “Maquina sexual” en su versión castiza) esto se debe a que, así como las doncellas suelen confundir la arrogancia con la seguridad en un hombre, también confunden con facilidad el enojo y el renombrado “carácter de mierda” con la confianza en uno mismo. Pido disculpas por el uso de mi académico lenguaje. Para la mejor comprensión del texto publicaré un apéndice con las definiciones de los términos científicos utilizados.

En caso de que usted sea la víctima del cruel “clavado de visto” por parte de una cortesana, le sugiero que conserve la calma y evite hacer lo que hace la mayoría del “populacho”, es decir escribir otro mensaje. Lo que debe hacer es simplemente nada. Espere a que ella retome la conversación y, si no sucede nada, espere al menos una semana para enviar un nuevo mensaje. Recuerde: lo importante es ocultar que usted es un onanista compulsivo. Durante esa semana usted deberá aplicar lo que el filósofo David Hume llamó “La regla de tres simple”, que consiste en encararse (o al menos empezar una conversación) con tres cortesanas por cada una que le “clave un visto”. Usted podrá objetar diciendo que durante el período en el que David Hume vivió no existía la Internet, ni ningún medio de comunicación virtual, a lo que replicaré aclarando que la misma mecánica del chat se aplicaba a la correspondencia escrita. Y créame cuando le digo que el notable filósofo la “solía poner” más que usted.

Segundo consejo: mantenga la regla del acompasamiento en la cantidad de texto enviada. Si la damisela envía dos renglones usted escriba uno, si ella escribe cuatro, usted escriba tres, y así. Siempre manteniendo una menor inversión. Y en general, compórtense en forma “seca” y “asquerosa”, respondiendo con los fríos “Dale”, “Ok” y “Mira vos”. Eso, sin duda, generará mucha ansiedad en las cortesanas. Funcionará tan bien como cuando se lo hacen a usted.

De hecho, cuando le suceda, aplique la regla de tres simple: salga a la vida real y consiga tres teléfonos más. Esto será sencillo ya que hoy en día las mujeres jóvenes o “pendejas”, como las llamamos en la Argentina, regalan sus números tan fácilmente como realizan favores sexuales en una disco al dealer de turno para obtener la tan ansiada onza de diversión nocturna. Las épocas en las que el teléfono significaba algo ya han pasado de moda. Sobre todo para las nativas digitales. Hoy día, dar el teléfono es un recurso que las jóvenes damiselas utilizan para tener un listado de babosos cromañones en sus celulares quienes, mandándoles mensajes, compensarán los frágiles egos de las damas. En el caso de las mujeres de más de treinta, es más relativo, aun así la mayoría de los hombres sigue prefiriendo la dureza de la carne (es un hecho histórico no una opinión).

Usted podrá decir: “estas son reglas generales y en la realidad pasa de todo”. Sí, es cierto pero aquí me concentro en la generalidad y no en la particularidad. En mi caso particular, quiero una mujer que prefiera tener una agradable y atractiva conversación telefónica o física y no un intercambio de vacíos mensajes. Y, en caso de tener lo segundo, escribo cuanto se me da la gana y contesto cuando tengo tiempo. Y si a la susodicha “no le va” esto, busco una a la que sí “le vaya”.

También usted podrá decir: “Este texto es muy prejuicioso, machista, y me ofende mucho”. A lo que puedo responderle que no tiene mucho sentido del humor y se toma la vida demasiado en serio. Además probablemente se victimice bastante seguido. Si es hombre, probablemente no la ponga muy seguido (salvo que sea de esos que se enoja para que las mujeres piensen que es un tipo con carácter y seguro de sí mismo). Si es mujer, sepa que debe aprender a reírse del mundo y de usted misma. El sentido de humor es la sal de la vida y una característica muy atractiva tanto para un hombre como para una mujer.

A los hombres nos encanta una mujer que nos haga reír genuinamente. Eso es difícil de encontrar. Temas como la discriminación y violencia de género (que son importantes y que deben tratarse con seriedad) han tenido un efecto secundario muy nocivo: han censurado el humor y han hecho que todos tengamos que ser “políticamente correctos” y el humor no puede caer dentro de esta categoría. Recuerda: No te tomes la vida tan en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella. Y si la vida te da la espalda, tócale el culo.