Las 50 sombras de Milton

Anteriormente he hablado sobre la posibilidad de que una damisela con la que estemos “se confunda” al entrar en contacto con un ambiente festivo durante los cálidos días de verano. Como ya ha sido mencionado: tu novia/ pareja/ chica con la que sales se va de vacaciones con las amigas a la playa (por ejemplo) y millones de machos en celo se le acercaran con el único fin de enhebrarla impíamente. En estos ambientes donde las hormonas de las mujeres se van al techo junto con sus egos, es donde nuestra damisela “se confundirá” ya que será engarzada por el más vil de los seres: Milton.

Aclaro que Milton es una creación de mi imaginación que representa a ese seductor natural que se diferencia de los demás cromañones que habitan estos sitios por ser simplemente implacable. Él suda energía sexual y seducción, su mirada es penetrante y sus palabras quiebran la voluntad de cualquier damisela que ose ponerse en su camino. Nuestra dama podrá ignorar (pese a sentirse halagada) los intentos de los miles de otarios que se le acerquen pero, debido a la sagrada ley de los grandes números, tarde o temprano se topará con Milton y ella no podrá resistirse, simplemente se entregará a sus instintos más bajos ¿Podemos culparla por ello? Para nada, las mujeres son esclavas de sus emociones y Milton las conoce a la perfección, sabe que interruptores activar para que su lado racional desaparezca.

A su regreso ella nos dirá que está confundida y que necesita tomarse un tiempo. Nosotros la dejaremos ir. Si vuelve bien y sino seguiremos nuestra vida y encontraremos otra mujer: “Después de un gran amor siempre viene otro gran amor”.

Pero hablemos propiamente de este ser, Milton. Más allá de la pintoresca descripción que haya hecho sobre su persona como un amante pasajero, creo que él representa precisamente a ese otro con la que nuestra damisela puede partir, ya sea en forma temporal o en forma definitiva. A veces es el chico irresistible que la seduce en la playa y con la que tiene un intenso encuentro sexual en el mar, otra veces es ese compañero de trabajo o de universidad con quien tiene un sabroso amorío, y otras veces es con quien termina en pareja, luego de abandonarnos.

En fondo Milton puede ser cualquiera que vea con ojos de deseos a nuestra querida damisela y que tenga los recursos para llegar a sus emociones. Aunque tu esposa tenga 50 años, esté fea y gorda, siempre va a ver un hombre que le va querer dar (probablemente el verdulero). Alguien que con sus cumplidos y sus detalles llegará al fondo de su corazón y/o de su húmeda rosqueta.

La pregunta aquí es: ¿Qué hacemos ante esta situación? ¿Salimos en busca de Milton con una escopeta recortada en mano? No, no serviría de nada. Por una lado ejercer la violencia y ser reactivos solo mostrará lo inseguros que somos y, por ello, nuestra cortesana se alejara aún mas de nosotros. Por otro lado, Milton no puede ser destruido. Se regenera con mucha facilidad como el T-1000 de Terminator 2. Además es como el agente Smith de “Matrix”, hay uno en cada esquina. No vale la pena, por uno que eliminamos aparecen dos más.

Entonces ¿Qué hacemos? Déjenme decirles algo: por más grotesca que la existencia de Milton nos pueda parecer, él nos recuerda que podemos ser mejores personas. Si, Milton es un gran seductor, pero las mujeres que dejan a sus novios, maridos o parejas no van a él simplemente por sus características. Terminan con él porque van a buscar lo que no obtienen en otro lado: detalles, afecto, comprensión, sexo, emoción, pasión. Una mujer no deja a un hombre por las características del “otro”. Lo deja por la falencias de éste. La existencia de Milton, nos recuerda que debemos trabajar en nosotros, en nuestra autoestima, y en nuestro defectos. Hacer esto nos conecta más con nosotros y con lo demás, nos hace más empáticos, más atentos: más atractivos a los ojos de una muer. Milton es un recordatorio de lo que podría pasar si descuidamos a nuestra dama. Y no estoy hablando de celos y de vigilarla (eso empeora las cosas), hablo de cariño comprensión y atención. Y para ello no solo hay que trabajar en la pareja sino en nosotros, en nuestros miedos e inseguridades. Milton es una suerte de versión para adultos del hombre de la bolsa o el cuco: “Cuidado, si no atiendes bien a tu mujer, Milton se la llevará y se la enhebrará”.

También podemos aprender de Milton. Digo, es un experto en seducción, ¿Quién mejor para iluminarnos el camino?¿Que ocurre por ejemplo si nos gusta una hermosa y cálida mujer que está con otro? Milton sabría qué hacer y hay tanto que podemos aprender. Él sabe, por ejemplo, que la mayoría de las mujeres están en relaciones insípidas o incluso complicadas por el simple hecho de evitar estar solas o, simplemente por miedos y presiones sociales o, incluso debido a una baja autoestima. Milton también sabe que la mayoría de los hombres son descuidados y poco atentos con sus mujeres. En algún momento se van a mandar una cagada. Tienen tanto miedo a perderlas que finalmente la profecía se auto cumple. Un hombre celoso es un hombre inseguro. Vigilarlas en forma paranoica no es la forma de conservar una mujer. La mejor forma es atenderlas y comprenderlas. Eso sí, para ello hay que trabajar todos los días. Es fácil seducir una mujer distinta cada día pero ¿Seducir a la misma todos los días? Ahí está el desafío.

Podemos aprender y convertirnos en Milton para, precisamente llegar a esa mujer con la que queremos estar. Así que ¿Porque odiarlo si nos puede enseñar tanto?