La era de la victimización

Mi querido lector, si ha llegado hasta aquí muy probablemente se sienta algo desorientado. Este libro comenzó hablando en un tono muy serio sobre temas extremadamente importantes y al final pareció descender a lo vulgar y al sinsentido, incluso a lo ofensivo. Sin embargo, si usted es un lector perspicaz, habrá notado que esto para nada es así. Los apartados que usted leyó a partir de “Las tribulaciones del Whatsapp”, siguen la misma línea de los primeros artículos, solo que lo hacen con irreverencia y humor los cuales, al fin y al cabo, son la pimienta y la sal de la vida. Como lo describí en el escrito sobre el humor: éste nos sirve para reflexionar, para hablar de los temas más tabúes y para desafiar la convenciones. Nos permite expresar las cosas de formas más inteligentes e irónicas. Por eso la falencia de sentido del humor es un grave síntoma de una inteligencia emocional deteriorada. La verdad no me sorprendió cuando, al publicar muchos de estos artículos en grupos de Facebook que he denominado “estúpidamente hiper sensibles y frustrados” las reacciones hayan sido de agresividad. Lo más triste es que suponía que se trataba de agrupamientos de individuos con cierto grado de pensamiento crítico. Hablo de grupos de egresados y alumnos de: Filosofía y Letras, Sociología y Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Al parecer, doce años del experimento de psicología social al estilo “La ola” llamado “Kircherismo” los dejó resentidos con el mundo e increíblemente sensibles. Aun así no fueron los únicos. Los textos sobre la cultura emprendedora fueron publicados en grupos de emprendedores y el nivel de agresividad fue igual o peor. Solo que, en vez de llamarme “facho de mierda” me llamaban “zurdo roñoso”. En algunos casos fue por el mismo texto. Dicen que si te critican los de la derecha y los de la izquierda al mismo tiempo esto quiere decir que estás haciendo bien las cosas. De hecho, por algunos de los textos humorísticos fui llamado machista, por algunos, y feminista por otros. Claramente, los textos son un espejo del alma del lector y solo reflejan sus valores, sentimientos y frustraciones. Fueron muy pocos los que captaron las ironías y pudieron ver más allá del análisis superficial. No obstante, con gente sensible no hay otro resultado posible: se ofenderán por cualquier cosa. En uno de los grupos consideraban “violentos” los textos del “Baile de las máscaras” y aquel en el que hablo sobre el amor y la amistad en tiempos de Selfis. Claro que está gente tiene el pésimo habito de victimizarse todo el tiempo y por ello se la pasan viendo personas violentas, racistas, machistas y homofóbicas por todos lados. Como si no hubiera suficiente de todo eso en el mundo, buscan donde no hay.

Tanto para los grupos con alguna afinidad política como para los grupos de emprendedores se da algo muy curioso: la necesidad de defender con uñas y dientes un ideal o una causa: el feminismo, un movimiento político, el movimiento emprendedor, etc… En el fondo se trata de personas que no encuentran sentido a sus vidas y que viven muy frustradas. Por este motivo es que fueron fácilmente manipuladas gracias a las técnicas que describí en algunos de los textos. Todos queremos pertenecer a algo, especialmente a un movimiento noble que nos haga trascender. El problema es que los políticos y expertos en marketing lo saben muy bien y lo usan en contra de nosotros. Y ocurre en todo el mundo. Miren lo que ocurrió con Trump y Bush en los Estados Unidos. Siempre las mismas técnicas: crear una causa de apariencia noble y utilizar luego los prejuicios y frustraciones individuales de las personas en contra de ellas. Hasta los publicistas lo hacen.

Tomemos un ejemplo concreto para ilustrar este punto. Hace un tiempo atrás en Argentina apareció una propaganda creada por el Alto Palermo Shopping para aumentar las ventas. Hasta aquí nada del otro mundo. Lo que ocurrió fue que lo genios malvados de la publicidad descubrieron un dato interesante: existía un segmento poblacional y demográfico que sufría de mucha frustración y decidieron aprovecharse de ello para venderles el producto. Se trataba de las mujeres profesionales de 25 a 40 años. Las tristemente conocidas bajo el nombre de “treintañeras resentidas”, la cuales usted puede encontrar en cualquier bar de Palermo luego de las 21hs o en un After Office. Es un perfil interesante porque, por supuesto, tiene el poder adquisitivo para comprar en las tiendas de dicho shopping. También son famosas por repetir frases asquerosamente estereotipadas como “los hombres son todos iguales” cuando en realidad siempre salen con los mismos. Los publicistas notaron rápidamente lo frustradas y solas que se sienten están mujeres luego de amargas experiencias en la tierra del “chamuyo” y se preguntaron cómo podrían aprovecharse de ello. No les fue fácil deducirlo, los nuevos movimientos feministas se la pasan reclutando soldados en esta demografía utilizando el truco más viejo: cuando quieres buscar un adepto a una causa dale alguien a quien culpar por sus frustraciones. Podemos observar este “truco” en todos lados. Desde en el nazismo y los movimientos de derecha europeos de la actualidad hasta en los regímenes populistas de Latinoamérica. Funciona siempre. Es más fácil echar la culpa afuera que hacerse responsable de lo que sentimos. En este libro hay varios textos donde hablo de ello. Es casi un tentación. Como sea, en la publicidad aparecían mujeres que se encontraban con sus ex parejas y, al verlas, los hombres las veían radiantes y por supuesto, acompañadas por un hombre más atractivo. El lema de la propaganda era: “ve a comprar al shopping para ponerte más linda y vengarte de tu ex”. Sin duda triste y peligroso. Triste porque se aprovecha de un sentimiento negativo y peligroso porque lo exacerba.

Los movimientos feministas en la actualidad utilizan la misma técnica: crean un movimiento (sentimiento de pertenencia), una causa noble que los legitima ( la lucha por la igualdad) y un enemigo a combatir (el hombre, el machismo, el patriarcado). Cada vez es más común encontrarse con mujeres aferradas a estas ideas y lo que noto en ellas es lo mismo que notaba en los adeptos al kirchenrismo o cualquier movimiento que utilice dichas técnicas: fanatismo. Para volver alguien fanático a una causa dale algo por lo que luchar y alguien a quien odiar. Pregúnteselo a los nazis o sino a los estadounidenses durante la presidencia de Bush. También he notado mucha agresividad: es casi imposible mantener una conversación normal con ellas porque cualquier cosa que digas te hará quedar como un machistas falo céntrico patriarcal. Las pobres no se dan cuenta que ningún hombre decente (o cualquier ser humanos normal si vamos al caso) querrá estar con ellas. Su actitud aleja a las personas que contradicen sus creencias sobre el mundo y atraen a aquellos que las confirman. A su vez, este tipo de movimientos justifica la victimización de muchos hombres con el mismo nivel de resentimiento los cuales se agrupan en patéticas agrupaciones como MGTOW, la cual lucha contra un enemigo despiadado: “el feminismo”. Cada extremo tiene su contraparte que le da sentido a su existencia. De ahí viene la famosa frase: “si el anti semita no existiera el judío lo hubiese inventado”. Creo que la frase era al revés pero el sentido es el mismo. Y antes de que diga que soy un nazi por decirlo (típico comportamiento de alguien que se victimiza y usa la retórica para agredir), le aclaro que mi madre es de origen judío (aunque ahora es budista) y mi padre de origen católico (aunque ahora musulmán e hinduista). Así que hágame el favor y váyase a la mierda y con todo el cariño del mundo le digo: chúpeme la pija.

En el fondo es más de lo mismo: las mismas técnicas de psicología social usadas con personas que se victimizan todo el tiempo. Lo mismo ocurrió en política: por odio al kirchnerismo (un movimiento corrupto basado en el resentimiento social) mucha gente votó a Mauricio Macri quién representa un movimiento elitista cuyos único objetivo es beneficiar a un sector reducido de la población.

En realidad, la solución emocionalmente inteligente para estos hombres y mujeres frustrados y resentidos es trabajar sus prejuicios y creencias que son, en última instancia, los que determinan el mundo en el que viven. La idea es trabajar por relaciones constructivas y amorosas y estos movimientos que se alimentan de emociones negativas y las exacerban solo empeoran la situación. Incluso atentan contra las mismas causas que dicen defender. Nada peor para una causa que alguien que se le une, no para luchar por construir un mundo mejor, sino para canalizar sus frustraciones personales. Si peleas por algo asegúrate que sea por el motivo adecuado. Si sientes bronca e ira, muy probablemente estés allí por el motivo errado. Si luchas desde la comprensión y en forma emocionalmente desapegada, estas por el camino correcto.

El problema con la sociedad Argentina es que siempre fuimos propensos a canalizar nuestro resentimiento interno mediante movimientos políticos y causas externas en lugar de trabajar lo interno. Por eso nos victimizamos todo el tiempo y la agresividad es una de nuestras características principales así como la arrogancia. Para colmo de males, en las últimas décadas esto se ha potenciado gracias a los movimientos que lo utilizan a su favor para fabricar adeptos. Hace muy poco un amigo colombiano me dijo: “¿Qué les pasa a las mujeres de tu país están muy agresivas?”. Que le iba a decir. No tiene que ver con ellas sino con una sociedad de rasgos específicos. Es un reflejo más de un problema históricamente complejo. Yo, por mi parte, me puse de novio con una Colombiana que son dulces y tiernas. En ese sentido, siempre fui pragmático. Por eso me fui del país. Quería estar en pareja con alguien con quien pudiera construir un proyecto de vida y que me malcriara mucho porque soy muy consentido.

Necesitamos hablar de estos temas con libertad, empezar a ver las cosas con una óptica más amplia. No se trata de “la guerra de los sexos”. Tenemos una enorme cantidad de problemas sociales que se esconden bajo de pantalla “marketinera” de los debates bipolares. Desde la pobreza hasta el verdadero machismo, debemos abordar los temas con seriedad y no desde una perspectiva egoísta a través de la cual canalizamos nuestras frustraciones. Hace poco hablé con una mujer joven que habitaba en una villa miseria cerca de Buenos Aires. Es gracioso la forma en la que se refirió a las marchas feministas del “Ni una menos”, “La marcha de las putas” y el reciente “Me too”. ¿Saben lo que me dijo?: “Ah sí, la marcha de las chetas (las ricas)”.

La violencia de género en sus formas más atroces afecta más que nada las mujeres de clase baja (que gracias al aumento de la pobreza en la Argentina ahora constituyen la mayoría de la población femenina) y no a la niña rica mimada que vive en la burbuja de su barrio privado o en una “nube de pedos” en la Universidad de Sociología o de Filosofía y Letras de la UBA. Es como dice una de las pocas feministas con sentido común Camille Paglia: “el nuevo feminismo es un feminismo burgués armado por la niña rica que quiere que el mundo sea como su barrio privado”. Y así no son la cosas: el mundo es un lugar hostil y para cambiarlo primero debemos aceptar como es y salir de nuestras burbujas de ignorancia. A mí me encantaría poder salir con un traje Armani a pasear por un barrio peligroso sin ser asaltado. Pero muy probablemente terminé siendo atracado. Así funciona el mundo y, si en todo caso, deseo ejercer mi derecho a vestirme como quiero, llevaré un arma para defenderme porque sé cómo funciona el mundo y no voy a ser ingenuo ni a quejarme porque me discriminan debido a la forma en la que me visto. Ese es el primer paso para cambiar las cosas, viéndolas como son y no como deberían ser. A la mayoría de las manifestantes de esas marchas les importa poco y nada la mujeres pobres del conurbano bonaerense que son violadas todos los días. Dicen que marchan por una cuestión de género (una actitud altruista) pero en el fondo marchan por sus intereses particulares y de clase (una actitud egoísta). Las mujeres de clases bajas ven a las representantes de esos movimientos por lo que realmente son: una par de “chetitas” con aspiraciones de gloria, reconocimiento y fama cuyo máximo sueño es ir hablar de las injusticias contra la mujer en la Naciones Unidas mientras promocionan sus libros y comen comida gourmet. Es necesario ver las cosas como son y abordarlas en forma honesta.

Por eso el humor en la Argentina se hace más necesario que nunca: nos enfrenta con nuestros demonios, nos obliga a pensar, nos desafía. Y lo necesitamos más irreverente que nunca para enfrentar esta a tendencia a la victimización que se esconde detrás de lo políticamente correcto. Tomemos como ejemplo los textos que he escrito. Claramente un lector astuto se dará cuenta que fueron escritos con mucho sarcasmo. Como lo mencioné antes, a veces la forma de atacar una postura, racista, discriminatoria o misógina es a través de la exageración o la ironía. Claro que, debido al analfabetismo funcional de hoy en día, a mucha gente le cuesta entender ese nivel del lenguaje. Y, lamentablemente, hablo de personas que se encuentran en los grupos a los que me referí los cuales, se supone, tienen un alto nivel de educación no obstante, se quejan si el texto es muy largo y leen el título pero no el contenido. Tan desesperados están por ofenderse que ni siquiera leen con atención lo escrito.

Si se fijan, en el texto “Como tener sexo en el mundo de la noche” y “La verdad sobre el sexo”, estoy denunciando temas muy graves como el aumento del consumo de drogas en personas cada vez más jóvenes, la desidia parental, la falta de empatía por el otro, la depresión adolecente. Ahora bien, en lugar de hacerlo de forma directa lo planteo en forma irónica: “Como levantarte una pendeja borracha”. El título parecerá inmoral pero busca llamar la atención y denunciar y, si el lector es lo suficientemente perspicaz, se dará cuenta de esto. No se imaginan la cantidad de puteadas que he recibido por esos textos. Hay que reírse en la vida. En esos textos y en otros como “La música como afrodisiaco” y en el que hablo de los fumadores compulsivos de marihuana, me burlo del grotesco del hábito de victimizarse. A su vez, destaco los comportamientos ridículos pero reales de los hombres y las mujeres. Una madre me comentó que luego de leer el artículo entendió porque su hijo de catorce años quería que le compre una guitarra. Claramente la mujer captó la ironía y el humor. Lamentablemente fue la única, el resto no hizo más que insultarme y llamarme machista. Lo único que hice es describir lo que observo día a día. Muchas amigas me han admitido que se han “enfiestado” a un músico hippie roñoso durante un viaje por norte argentino. Es el único momento en el que pueden hacerlo, cuando vuelven a la ciudad no tienen libertad porque la sociedad las reprime. Y sí, también les encanta vanagloriarse de sus cuerpos en la playa y en las redes sociales. Yo lo haría también si no tuviera una panza cervecera. En fin, por cada tema podemos tomar un enfoque serio o uno humorístico. A veces elijo el serio y otras veces el humorístico. Hay que reírse un poco. Finalizó con el monologo final del personaje de la serie Duckman quién resume la importancia del humor:

“Es precisamente cuando el humor es ofensivo cuando lo necesitamos más. La comedia debe provocar. Debe desafiar los prejuicios. El humor debe dejarte distinto de cómo te encontró. Sí, seguro, el humor puede herir, incluso alienar pero el riesgo es mejor que la alternativa. Exijan ser desafiados. Demanden ser ofendidos y ser tratados como adultos pensantes e inteligentes”.