Tres curiosidades sobre los rolos (Bogotanos)

Luego de unos meses he aprendido un par de curiosidades sobre Bogotá y sus peculiares habitantes: los rolos

1) El rolo teme a una sola cosa: otro rolo.

Los rolos tienen una extraña percepción sobre la inseguridad de su ciudad. A pesar de que luego de vivir por casi seis meses en uno de los barrios, en teoría más peligrosos de Bogotá, no me pasó absolutamente nada. Ni un robo, ni un intento de asesinato. Ni siquiera un intento de violación por parte de los travestís, cariñosos habitantes de  la zona de tolerancia (como así es llamada). De hecho terminé organizando un sindicato con las chicas, así que todo bien.

Tal es su paranoia con respecto a la situación de su ciudad con respecto a la inseguridad que cuando uno se acerca a pedirle la hora salen corriendo despavoridos. Sobre todo en el norte de la ciudad, en los barrios de Usaquén y Cedritos particularmente que, por cierto, son los más seguros y chetos (gomelos) de la ciudad. En este sentido el cheto rolo es igual al cheto porteño: nunca lo robaron en su puta de vida sin embargo clama que la ciudad es insegura y que te roban en cada esquina.

Como sea cuando me acerco a peguntar la hora, lo hago al grito “Yo soy argentino, no salgas corriendo” (acentuando el sonido de la “sh” en la palabra “yo”). Esta estrategia da resultado por el momento aunque a veces falla debido a que algunos rolos suelen imitar el acento argentino para sonar más sexy. De hecho, hace un tiempo atrás tuve media hora tratando de convencer a un grupo de rolas de que efectivamente era argentino y no un rolo haciéndome pasar por tal. ¡Me hicieron cantar el himno nacional y hasta una canción de soda estéreo!

2) Lo mencionado en el segundo párrafo me lleva a otra curiosidad sociológica llamativa: el proceso de apareamiento de los rolos. El rolo macho es un ser muy arrastradito, es decir que vive a arrodillándose antes los caprichos de las rolas (dada su baja autoestima) sin obtener demasiada atención por parte de la rola. Normalmente las rolas rechazan los intentos infructuosos de los rolos para cortejarlas buscando refugio en algún paisa, costeño o caleño que pasaba por ahí. El rolo raras veces se enhebra algo decente y recurre mucho a las meretrices y travestis que se encuentran en la zona de la tolerancia. Esta última es una actividad en auge debido a este problema estructural. Por eso, como economista vi la necesidad de armar sindicatos. Los gracioso de la rola es que, pese a que no es muy atractiva, actúa como si lo fuera debido en parte a la actitud arrastrada de los rolos que le suben el autoestima. De esta forma la rola promedio tiene a su alrededor de ocho a diez rolos que giran al rededor de ella como satélites esperando poder engarzarla. Por supuesto nunca lo logran. Las rolas son conocidas en Colombia por ser las más difíciles, aunque claro que si se las compara con las argentinas y uruguayas distan de serlo.

3) El rolo es amable a morir no importa la situación o circunstancia. Son educados e hiper amables. Son una onda Ned Flanders de hecho y les cuesta mucho decir “No”, así que si les queres vender algo insistí un tiempo y terminan cediendo. Los caleños se aprovechan de esto y les venden de todo. De hecho puede que a un rolo no le caigas bien y, sin embargo, pienses lo contrario debido a su extrema amabilidad. Llevan un tiempo acostumbrarse a esto. Las rolas tampoco saben decir que no y si un costeño las empieza a parlarlas (chamuyarlas) con insistencia terminan entregando su húmeda rosqueta. Claro que ofrecen una resistencia simbólica debido a que por la religión se reprimen un poco. Definitivamente la religión y las carreras formales arruinan a las mujeres en general.