Para qué escribo

Muchos me preguntan para qué escribo. Es decir porque me la paso escribiendo artículos casi con una compulsión automática.

La respuesta es simple: escribo porque necesito hacerlo. Si estoy feliz, necesito expresar esa emoción en palabras. Necesito pintar una hoja en blanco con la tinta de la dicha. Así de simple.

Si estoy triste o enojado, me pasa lo mismo. Simplemente escribo con la esperanza de que a medida que avanze, mi mente vaya resinificando la emoción.

Escribiendo me conozco más. Conozco mis más profundos pensamientos y me permito modificarlos. Lo hago a través del humor y la ironía. Reírme de mí mismo y del mundo grotesco en el que vivo es mi forma de lidiar con el día a día.

Quiero estar todos los días borracho de escritura para poder tolerar la monotonía de la rutina y para encontrarle sentido a mi vida.

Por eso desde hace cuatro años que vengo escribiendo un diario de mi vida. No solo me conozco más ahora gracias a ello, sino que puedo modificarme. Al modificar los pensamientos en la hoja, modifico lo que siento y al final modifico mi ser. La acción genera ser y escribir es una acción increíblemente poderosa.

Escribo para ser libre y público para que, tal vez, con mucha suerte algunos de los escritos toquen el alma de alguien y modifiquen aunque sea en forma infinitesimal los pensamientos y creencias de quien los lee.

Tal vez escribo también para que me conozcan, para que me comprendan, para que puedan ver la vida a través de mis ojos. Eso no es fácil. La única forma de ver esto es leer todo lo que he escrito, lo cual equivaldría a leerse diez novelas.

En vez de eso, solo publico fragmentos de lo que soy y, en cierta forma, esos textos terminan convirtiéndose en un espejo de quien los lee.

Es gracioso que he sido de acusado de fascista de mierda y zurdo sucio por el mismo texto. Asimismo me llamaron machista y feminista por el mismo texto. También me llamaron rencoroso y tolerante por el mismo texto.

Solo los que se atrevieron realmente a conocerme fuera del espejismo virtual pudieron ver más allá de las apariencias. Admiro el valor de aquellos que se han atrevido a ir más allá de sus prejuicios. En cierta forma, esto habla bien de ellos y de su deseo de deshacerse de sus pre concepciones.

Aquello no es fácil teniendo en cuenta que escribo con un estilo provocativo y algo irreverente pero sino ¿Cuál sería la gracia? Me río de las variadas, opuestas y curiosas interpretaciones de mis textos.

Desde comentarios de halago hasta agresiones sin sentido. Desde descargas emocionales hasta
interpretaciones lógicas de lo más complejas.

Si bien escribo para mí, también escribo para otros porque, insisto, si puedo aunque sea cambiar la vida de una persona que me lee, incluso sin enterarme, entonces mi vida tiene propósito.

Posiblemente la mayoría será indiferente, burlones o incluso agresivos pero si por lo menos existe en aquel mar de resentimiento alguien que pueda percibir la verdadera naturaleza de lo es escribo, entonces este efecto secundario de una actividad de catarsis personal dará significado a todo.