Los inversores temen cambios drásticos en Latinoamérica

Los cercanos procesos electorales en México y Brasil crean un panorama de incertidumbre que, según expertos, podría afectar a toda la región.

Las dos economías más importantes de Latinoamérica celebran elecciones presidenciales en 2018. Si bien esto supone un procedimiento normal en un sistema democrático, los inversores internacionales tienen los pelos de punta. Esto tiene sentido si se tiene en cuenta que, a pesar de que en ambos países ha tenido lugar una seguidilla de gobiernos amistosos con las políticas del libre mercado por casi tres décadas, las cosas parecen estar a punto de cambiar.

Para el caso de México, la posibilidad de que un candidato de izquierda como AMLO gane las elecciones luego de treinta años de gobiernos neoliberales, significa un potencial peligro para el futuro de las actividades privadas. Esto, más que nada, teniendo en cuenta una posible política de choque frontal con Donald Trump. Por el lado de Brasil, se observa un electorado hastiado de un gobierno populista corrupto que, por ello, está coqueteando con un ex capitán de la armada que siente cierta nostalgia por un estilo de gobierno “a lo militar”.

“Vamos a tener mucha angustia por parte de los inversores durante el período de las elecciones”, señaló Daniel Kerner, analista en la empresa consultora Eurasia Group Ltd. “Se proyectan fugas de capitales y presiones devaluatorias sobre las monedas como síntoma de un nerviosismo que se sentirá ante la posibilidad de que en México se dé marcha atrás con las reformas estructurales y en Brasil haya poco compromiso con los recientes cambios estructurales”.

Si bien analistas de varios sectores en México han asegurado que la percepción del radicalismo de AMLO es algo exagerada, “al tratarse de una economía abierta sin controles de capital, la profecía podría auto cumplirse si suficientes inversores creen en ella. Ese es el problema con una economía abierta: es dependiente de satisfacer los caprichos de sectores extremadamente asustadizos e irracionales”. Advirtió un consultor del sector financiero.

Pero ¿Cuál es el motor del deseo de cambio que poseen los votantes de estos dos países? Para empezar, ninguno de los actuales presidentes, ya sea Peña Nieto o Michel Temer, se presentarán a una reelección y, además, sus respectivas popularidades entre la gente son realmente lúgubres. De hecho, su apoyo a un candidato para sucederlos restaría más de lo que sumaría. Sus administraciones han sido asediadas con constantes acusaciones de corrupción y no han podido estimular el crecimiento económico lo suficiente para satisfacer las demandas de la clase media.

Para el caso Mexicano, el discurso agresivo de Trump, podría ser el factor que le entregue en bandeja de plata la presidencia a AMLO quién, por cierto, ya ha intentado llegar a ésta dos veces. El presidente norteamericano tiene una actitud antagónica con México que se refleja en sus planteos sobre el muro fronterizo y sus constantes amenazas de destruir el TLCAN. Esto, sin duda, genera simpatías hacia el candidato mexicano cuyo estilo irreverente es funcional al estilo agresivo de Trump.

Si los Estados Unidos se retirara del tratado o si se iniciara un conflicto a días de las elecciones, eso sin duda impulsará a AMLO. “México podría experimentar un cambio muy radical en su orientación política”, destacó Mario Mesquita, economista senior de Itaú Unibanco Holding SA. “Muchos economistas están profundamente preocupados por la posibilidad de que el TLCAN se desintegre y por una posible victoria de AMLO”.

El candidato mexicano ha prometido aumentar el salario mínimo e incrementar el gasto social para ayudar al 50% de la población, la cual vive en la pobreza. Mientras tanto, los inversores están inquietos por los dichos del candidato referentes a revisar (y tal vez revertir) muchas de las reformas estructurales que abrieron camino a empresas privadas al sector energético y de hidrocarburos.

Chevron, Exxon Mobil, Total y China National Offshore Oil Corp. son unas de las 70 compañías que han firmado contratos petroleros los cuales se esperan que generen ingresos por aproximadamente 80 billones de dólares a lo largo de su duración, según lo aseguró el Ministerio de Energía. Las esperanzas de estas empresas, en caso de una victoria del AMLO, es que su partido no logre una mayoría en el congreso, situación que limitaría su actuar.

Recientes encuestas han mostrado que AMLO lleva la delantera con ocho puntos lo que se explica también por la fragmentación de los candidatos que se produjo al permitir que partidos independientes se pudieran postular en las elecciones presidenciales. Entre ellos se encuentra Margarita Zabala quién luego de su ruptura con el PAN ha mejorado las perspectivas de AMLO. Asimismo, el PRI aún debe unirse detrás de un candidato, cosa que aún no ha hecho. Por ahora sus principales contrincantes son el Ministro de Hacienda, José Meade y el Ministro del interior Miguel Osorio.

En canto a Brasil, luego de tres años de escándalos de corrupción, los votantes están buscando lo que parece ser un animal extinto: un político honesto. En una encuesta reciente se reveló que para el 87% de las personas es importante que un candidato no se vea tentado por la corrupción. Esto representa un claro obstáculo para el presidente Lula da Silva quién enfrenta cargos por malversación de fondos y lavado de dinero.

El deseo de un candidato decente ha generado cierto atractivo por Jair Bolsonaro, un congresista quién se ha denominado a sí mismo como una “amenaza para la corrupción enquistada”. El ex oficial militar, adicionalmente, tiene una posición “dura” con respecto al crimen: ha declarado que hará legal la posesión de armas si es elegido, una propuesta indudablemente controversial en un país donde siete personas son asesinadas cada hora.

Mejorar la situación de la seguridad, según Bolsonaro, ayudará a atraer la inversión necesaria para consolidar una incipiente recuperación luego de ocho cuatrimestres de magros resultados económicos. Sin embargo, es el primer candidato en admitir que tiene muy pocos conocimientos de economía. Sus propuestas en materia de política económica están inclinadas mayormente a proteger los recursos nacionales, particularmente de la amenaza china. No obstante, apoya la privatización de activos no estratégicos, los cuales incluirían a Petróleo Brasileiro SA, un símbolo del orgullo brasileño hasta el descubrimiento de serios desfalcos y licitaciones espurias.

El problema con este candidato reside en sus fuertes y provocativas declaraciones las cuales han causado nerviosismo entre los inversores por ser homofóbicas, misóginas y racistas. En este sentido, es llamado “el Trump brasilero” por sus detractores. En cuanto a los inversores, su candidato favorito es el Ministro de Hacienda Henrique Meirelles pero hasta no ha confirmado su candidatura.

Los contextos políticos que se viven en Brasil y México son interdependientes debido a la percepción con la que operan los inversores. “Ellos ven a Latinoamérica como un bloque y no en forma individual. Si ven que las dos economías más grandes e importantes proyectan incertidumbre en el futuro, esto retroalimentará más sus miedos. No nos olvidemos que durante la crisis del tequila cierto ministro de economía de Argentina salió desesperado a decir que México no era Argentina. Es porque sabía que para los inversores somos todos lo mismo y actúan por miedo más que por racionalidad”. Señaló un portfolio manager de un reconocido fondo de inversión de países emergentes. En suma, el resultado de estas dos elecciones podría reconfigurar el escenario político y económico para toda Latinoamérica.