Lo que aprendí con el gordo Hume

Por recomendación del gran maestro David Hume, a quien tuve la fortuna de conocer a la corta de edad de los 27 años empecé a escribir mis peripecias concerniendo el aprendizaje del mundo de la seducción. Los consejos de David son de una sabiduría inmensa. Honestamente nunca leí sus obras filosóficas por las que él es conocido pero debo admitir que sus consejos son de una sabiduría infinita. Si, sus formas son un poco antiguas y, definitivamente, le cuesta aprender la jerga argenta (sobre todo ahora que viaja por toda Latinoamérica) pero en cuanto a mujeres se trata, el gordo es un capo.

Nunca vi a un tipo tan groso en el tema del levante. Lo que si, se viste muy a la antigua, casi como del siglo XVIII, pero bue…nadie es perfecto. Menos mal que me asesoré con el tema de la vestimenta con un asesor de imagen, sino no la ponía mas…Igual, si el tío Hume (como le digo con cariño) la pone todos los días (o enhebra todos los días como dice él) a pesar de como se viste, lo importante debe ser otra cosa, la actitud supongo. Y el gordo la tiene, por supuesto que la tiene. La verdad es que debo decir que el tío me salvo la vida. En general no era muy exitoso con las mujeres. Durante el secundario no salía demasiado y estudiaba todo el tiempo, por lo que me perdí gran parte de la cultura de la noche. De hecho a esa edad ya hablaba como viejo. Mi habilidades sociales eran realmente muy pobres. Para colmo de males estudié una carrera bastante cuadrada por lo que mi lado creativo (esencial para la seducción según me lo comento Hume) se saturo bastante. Como no sabía qué hacer con mi vida me anoté en la carrera de contabilidad en la Universidad de Buenos Aires. En ese periodo, precisamente, fue que comencé a intentar aproximarme al sexo opuesto. En forma muy tímida y descalibrada por supuesto. Con mis nuevos amigos  de la universidad comencé a salir de noche para conocer el mundo de las discos (boliches como les decimos en Buenos Aires) y los bares. Debo decir que mi emoción no duro mucho ya que, honestamente no sabía cómo proceder y mis acercamientos (increíblemente patéticos) solo generaban rechazo en las damas. Así fue como fui generando un resentimiento profundo a las mujeres y al mismo tiempo una autoestima no muy elevada. Al cabo de un tiempo desistí de conquistar chicas y me concentré en mis carrera profesional. De algún modo, tenía la creencia de que si me convertía en un exitoso profesional mi éxito con las chicas estaría garantizado, por lo que, lo único que tenía que hacer era ser un gran profesional, hacer mucha plata, ser intelectual…en fin, era un pelotudo importante. Si el nabo de Milton coge (garcha/fornica/enhebra) más que el mismísimo David Hume y ni siquiera termino la secundaria.¡Encima  trabaja en un Starbucks hace 7 años! Si, en definitiva no tenía mucha idea de la vida. Llegue a deprimirme bastante y resentir mucho. Mientras que mi carrera profesional crecía mi estabilidad emocional se iba al carajo.

Lo peor de todo, es que me tocó vivir en Argentina, el lugar más jodido para levantar (conquistar) minas (mujeres). Son duras acá las muy hijas de putas (leer el artículo “En tierra de ciegos el tuerto es rey”). Pensar que han venido especialistas en la seducción de todo el mundo a estudiar que es lo que funciona acá. Un estudio que leí, realizado por un especialista que viajo por todo el mundo, dijo que acá lo que funciona es el “payaso idiota”, es decir alguien que las haga reír a las minas y que, al mismo tiempo, sea un idiota. El científico en cuestión lo diferencio del “payaso interesante” el cual funciona mas en el resto de Latinoamérica: las haces reír pero decís cosas interesante en vez de incoherencias como lo hace el “payaso idiota”. Esto, según el informe, funciona mucho más para las pendejas (menores de 23 años según la literatura) que para las señoras de más de 25, aunque se puede generalizar. Ahora, al saber esto, todo tiene sentido, digo, las pendejas son particularmente histéricas en este país y por la edad solo quieren una cosa: divertirse, hacerse mierda y sentirse diosas. O sea que como empiezan a enfiestarse desde muy chicas ya los 18 no les quedan muchas neuronas. ¿Y como razonas con alguien que no tiene neuronas? Poniéndote a su nivel. Si, como diría Hume, estoy generalizando, pero algo de eso hay. Igualmente cuando tenía 20 años no tenía mucha idea de que mujeres eran una pendejas y cuáles no. Para mí no había mucha diferencia. Aplicaba siempre la misma fórmula y ninguna funcionaba. Patético. Cuando pienso en esos tiempos aun me cuesta perdonarme.

A los 27 años estaba destruido por lo poco que había tenido sexo y la poca receptividad de las mujeres hacia mi persona por lo que caí en una profunda depresión, ahí es cuando lo conocí a David Hume quien me salvo la vida al enseñarme los secretos de la seducción y el buen vivir (y el buen comer: como morfa el gordo hijo de puta, se pide una Provoleta a caballo todos los días). También aprendí mucho saliendo con otro groso: Milton. Igualmente no puedo evitar envidiarlo al hijo de puta.  Tiene facha el forro. Eso ayuda. Es como el dinero, citando a los “Auténticos decadentes”: “El dinero no es todo pero como ayuda”. Lea el articulo  “Sobre el atractivo físico” de Adrian Des Champs sobre el tema.

Conocerlo a Hume también me ayudo a transformar mis prejuicios. Debo admitir que tengo muchos prejuicios, no solo con respecto a las mujeres sino también concerniendo a las clases sociales, las nacionalidades, en fin…creo que en una época era un poco racista… un poco nomás. El otro día mirando mi diario de la seducción vi una entrada en donde describo un encuentro con una chica de la Universidad Torcuato Di Tella, universidad donde estudia la gente más pudiente de nuestra sociedad. Las chetas (chicas ricas), por lo general, son muy hijas de puta y solo se reproducen con miembros de su propia estirpe y yo era solo un simplón de clase media. Como sea aquí está el relato:

21 de marzo: “Hoy salí a encarar mujeres por el barrio de Belgrano, barrio de chicas ricas. Hoy quería ver si podía levantar algo decente ya que recientemente me estoy comiendo cada bagre que ni te cuento. Siguiendo las teorías antropologías del señor Spencer citadas siempre por el magnánimo Osvaldo Orsena (o Der Orsen como le dicen en su Austria natal) me dirigí hacia los barrios pudientes sabiendo que allí abundan las ninfas hermosas gracias a la pureza de los genes de los ricos. Es claro los ricos tienen genes más puros por lo que sus crías salen más bellas y esbeltas. Como sea, al acercarme a  la puerta de la prestigiosa Universidad me corrí la capucha (estaba con una campera ya que llovía mucho) para que los guardias, temiblemente armados, vieran que era caucásico y no me disparasen. Me acerqué al hombre que limpiaba los baños  para preguntarle donde se encontraba la biblioteca.. Estas gentes son de escasos recursos y la gente pobre generalmente es mala. Esto es lo bueno de estudiar en el mundo civilizado, se encuentran soluciones rápidas a problemas complejos…”

Si, definitivamente era medio racista y prejuicioso, y probablemente un hijo de puta. Tengo que seguir trabajando mis prejuicios. Como me dijo Adrian Des Champs una vez: los juicios no abren y no cierran puertas, viendo cuales nos abren y cuales nos cierran es como determinamos si nos sirven o no. Escribió un buen articulo sobre el tema.