“La Vieja Serenata”

ruurmoMi primer dinero ganado con la música fue dando una “Serenata”.

Tenía yo en ese entonces 14 o 15 años y ya estaba tocando la guitarra por ahí  en asaltos, cumpleaños, casamientos  y cualquier ocasión que se presentara.

Dejen que aclare que asaltos se llamaban las reuniones que hacíamos los chicos y chicas por lo general vecinos del barrio en alguna terraza o espacio grande para bailar.

Por ese entonces no era fácil acceder a boliches o lugares bailables por que estaban reservados para gente mayor de edad.

Organizábamos los bailes de manera que las chicas llevaban la comida y los varones la bebida. Era popular por ése entonces la sangría con frutas y alguna bebida fuerte.

Lejos de tener alguna cultura alcohólica nos empedabamos con un Aperitivo nomás. Yo llevaba mi guitarra a todos lados. Dejabas de tocar y tenías que sacudirte las mujeres de encima. Era el año 62/63. Los Beatles habían sacado el primer disco simple: “Amame”

Dos de mis primos bastante mayores que yo tenían armado un trío de música centro americana con un amigo y me propusieron, dado que uno de ellos me había enseñado a tocar, si quería integrar el conjunto que sin dudar dije que sí. No sin antes tener discusiones con mis padres por considerarme demasiado chico para andar de noche tocando por ahí.

Por ahora no voy a tocar ese tema, es para un capítulo aparte. De todos modos yo a esa edad estudiaba y trabajaba eso me daba cierto halo de responsabilidad por el cuál no podían considerarme un “loquito” O sea, a la larga aceptaron.

A partir de integrar el grupo tomó esa actividad carácter más profesional. Teníamos días y horarios de ensayo muy rigurosos. Sobre todo por uno de mis primos que había tenido actuaciones en radio, teatros e incluso alguna que otra grabación acompañando a cantantes conocidos de la época.

Entonces las propuestas de tocar en algún evento eran pagas. Mi debut fue en una “Serenata”.

Para los ajenos al tema les cuento: El novio era el encargado de organizarla. Se convenía día y hora, por lo general a medianoche y en la víspera de algún acontecimiento sea aniversario, compromiso o cumpleaños de la susodicha. Además oficiaba de cómplice en la casa junto a hermanas, tías o quién acompañara esa noche a la novia la cuál no debía sospechar nada de lo que iba ha ocurrir.

Por supuesto tenían que darse varias condiciones físicas del lugar donde iba ha acontecer dicha “serenata” a saber: Acceso a alguna ventana cercana donde estuviese la persona en cuestión.

Por suerte y en ese entonces en los barrios las casas consistían en grandes terrenos con jardín adelante una verja o medianera bajita de fácil acceso. No eran necesario rejas ni fosas con cocodrilos por la inseguridad. Eran otros tiempos. El protocolo era: uno llegaba en silencio, franqueaba la puerta y se acomodaba lo más cerca posible a la ventana de donde se suponía iban ha estar reunidos.

Ahí se cantaba una canción y antes de la segunda interpretación era menester que se abriese la ventana dando la aceptación del homenaje, por que si uno cantaba un tercer tema con la ventana cerrada, se interpretaba como desprecio. ¿Qué cosa, no?. Eso si, después se abría  la puerta y te convidaban con sanguchitos, bebidas varias y torta. Eso era la “extra”. Parece simple, pero acá bien podría escribir un libro contando infinidades de anécdotas de las cosas que nos han sucedido en alguna ocasión.

La puertita que iba ha estar sin candado, lo tenía puesto. Tener que subir el paredón para entrar. Olvidarse la gente de atar a los perros en el fondo y con los ladridos despertar a todo el barrio, al margen de tener que salir corriendo. Imagínense cuatro tipos con guitarras al oscuro metiéndose en una casa a las doce de la noche, y correr con la funda en una mano y la guitarra en la otra y preguntándose…¿y ahora que hacemos? No había celulares. No era fácil. También llegar a la dirección que nos habían dado, entrar, acomodarse, empezar a cantar y descubrir que no había nadie en la casa.

Son apenas algunas de las cosas que nos sucedían a menudo en estas salidas.

No siempre se veía alguna luz dentro, y las luminarias en las calles no existían, apenas una lamparita en cada bocacalle y nada más. Recuerdo una vez donde la referencia para encontrar la casa, era un montículo de arena y ladrillos que iban ha estar justo en la puerta. Nos movíamos en colectivo, ninguno de nosotros tenía coche.

Bajamos en la Avenida que sí ubicábamos y nos mandamos por una calle de tierra como la mayoría de las calles de provincia. El asfalto tardó en llegar en muchos lugares de Lanús, Avellaneda, Florencio Varela, Lomas, Temperley que por lo general era donde nos movíamos.

Al cabo de las tres cuadras que era la indicación que teníamos empezamos ha buscar el montículo de arena que era enorme según el novio por que como estaba construyendo en el fondo la casita para cuando se casara. Fuimos por una vereda, hicimos toda la cuadra volvimos por la otra, nada. Vale decir que era una noche cerrada, oscura y no se veía un alma por la calle.

Pensamos que esa no era la cuadra, que habíamos contado mal. Volvimos a la Avenida y discerníamos si habíamos bajado bien o no. Volvimos sobre nuestros  pasos y recorrimos nuevamente mirando todas las cuadras buscando la arena y los ladrillos. Deben haber pasado por lo menos cuarenta minutos y casi al borde de la locura, que vemos a mitad de cuadra de donde casi acabábamos de pasar, una linterna que nos hace señas.

Nos acercamos y el gil de goma nos dice: ¡Che, como tardaron! A punto de estrangularlo le dijimos lo del montículo y los ladrillos y sin inmutarse nos dijo: aproveché que me ayudó mi cuñado y los entré esta tarde. Y ahí mismo dice yo me voy para adentro ustedes prepárense y métanle…y se llevó la linterna.

Nos colgamos las guitarras y en la puerta, afinamos sin hacer ruido y entramos entre la arena y los ladrillos que estaban atrás de la medianera, en el jardín.

Había que entrar por un zaguán de costado e iba ha dejar la puerta del comedor abierta por donde nos teníamos que acercar obviamente sin hacer ruido.

De a uno fuimos pasando por que no entrábamos todos en ése pasillo. Me mandé adelante y en la oscuridad me llevo  por delante un enano de jardín que por entrar la arena lo habían corrido de su lugar. Ya habíamos empezado el punteo de la canción o sea que el ruido que hice pasó bastante desapercibido. Por poco me mato. Terminé la canción casi sentado en una maceta que también habían movido ese día.

Después el agasajo adentro compensó con creces las ahora risueñas vicisitudes acontecidas esa noche. Les conté con algún detalle ésta “Serenata” en particular por que fue con la que debuté. Flor de debut.

Además de unos pesos me llevé un buen raspón en el codo, una  mancha de la pared en la camisa y un rayón en el clavijero de la guitarra.

No obstante me gustaría proponerles algo. Ignoro si al día de hoy esto aún se practica. No lo sé. Los insto ha hacerlo. Júntense. Preparen alguna canción romántica. Anímense. Si hay alguien a quién quieran homenajear, una novia o simplemente una demostración de afecto, no lo duden. Será una experiencia única.

Yo he visto en los ojos de ésas chicas la emoción de ése momento, las lágrimas de felicidad y les puedo asegurar que es algo que no olvidarán jamás. Ni ellas ni ustedes.

Puede sonar algo cursi, si, tal vez. Pero los recuerdos duraderos son los que están relacionados con las emociones. Está comprobado.

Les dejo la inquietud.

Buenas tardes.

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