La venganza

I

«¿Cómo te sientes hoy?» «No muy bien a decir verdad, tuve una pesadilla que me dejó un sabor muy amargo en el paladar, una mezcla de tristeza y angustia que me deprime como nada lo ha hecho jamás.» «Ya habías tenido pesadillas antes…» «Sí, pero ésta fue distinta. Normalmente, sueño que me estoy cayendo y luego me despierto abruptamente. Vivo en carne propia un vértigo ardiente casi todas las noches cuando mi espíritu atraviesa el umbral onírico. Sin embargo, lo puedo tolerar, aquello no me deja ninguna emoción asfixiante. Ya sabes, del tipo que te contrae el pecho y te cierra la garganta. Precisamente, como la que siento ahora.» «¿Qué fue lo que soñaste?» «Estaba en un gran salón decorado con telas de todos los colores y muy iluminado. Frente a mí había un grupo de personas observándome con devoción. Ellos esperaban algo de mí. Mi presencia era la esperanza que iluminaba sus rostros. Pude reconocer a un par entre la multitud.» «¿Quiénes estaban allí?» «Había dos mujeres que significaron mucho para mí, una de ellas me salvó la vida, la otra salvó mi alma…al menos por un tiempo hasta que la volví a extraviar. Reconocí a un viejo amigo también, uno de esos difíciles de encontrar. Por último, me reconocí a mí mismo mirándome con esa expresión idiota de alabanza. Estaba esperando algo de mí mismo. Eso fue extraño. Como sea, también los otros miembros de la multitud me resultaban conocidos pero no pude rastrearlos en mi memoria.» «¿Qué esperaban todos ellos de ti?» «No lo sé, lo olvidé al despertar. Pero sé que los decepcioné. Estoy seguro de ello. Por eso me sentía culpable cuando observaba sus rostros llenos de felicidad. Sabía que los había defraudado y eso me llenaba de tristeza y frustración pero, más que nada, de culpa. Aún siento esa emoción flotando en mi pecho como una burbuja llena de alfileres.» «¿Recuerdas cuánto tiempo llevas con nosotros?» «La verdad que no.» «¿Recuerdas porque estás aquí?» «Sí, maté a dos personas que conocía, todo en un estado de ira y confusión. Luego me hicieron preguntas y conté mi historia. No me creyeron aunque dije la verdad. Tú estabas allí cuando narré lo que me había sucedido. Me creyeron loco y me pusieron aquí. No iban a mandarme a la cárcel de toda formas, era menor de edad.» «¿A quiénes crees que asesinaste?» «¿A qué te refieres con “a quienes creo que asesiné?” Según lo que puedo recordar muy vagamente, me sueles preguntar muy seguido sobre el motivo por el que estoy aquí. Mi memoria es algo borrosa en este momento, pero tengo la impresión de que efectivamente me has interrogado en forma reiterada sobre aquella cuestión. En tal caso ¿Por qué me haces esa pregunta todo el tiempo?» «Para ver si lo recuerdas. Para ver si estás en un buen día o en uno malo. Te la hago cada día. Casi todos los días la respuesta es la que me diste hoy. Hay días en que no lo recuerdas. Solo una vez me diste una respuesta distinta. Siempre espero que me vuelvas a dar esa misma respuesta cada vez que te lo pregunto pero, hasta ahora, no ha vuelto a suceder. He intentado darte pistas, incluso te he dicho yo la respuesta sin embargo, cuando lo hago, me dices que es ridículo y te aferras más a la versión que me has dado hoy. Solo me resta aguardar que algún día lo vuelvas a hacer.» «¿De qué me estás hablando? ¿A qué te refieres con una respuesta diferente? No seas ridículo.»

II

Sentado en una silla Max contemplaba con rencor la figura de su torturador. Aquel ser sádico, a quién observaba con recelo, aún no había entrado al aula, sin embargo, su sonrisa arrogante y despreciable era fácilmente visible desde el interior.

  • Vamos Max, te toca- exclamó uno de sus compañeros.

Sin mirarlo, Max apoyó una carta sobre la mesa y continuó acechando a aquel miserable que lo había atormentado durante cuatro largos años de su vida. Claro que eso, había ocurrido mucho antes de que él pudiera fortalecerse y convertirse en ese ser impiadoso que ahora era. En aquellas épocas no había sabido defenderse. No había sabido hacerse respetar. En esencia, no sabía nada. Durante años, él había revivido en su mente una y otra vez aquellas fatídicas escenas de humillación. Para cada una de ellas había formulado un final alternativo el cual difería notoriamente de lo que había acontecido en la versión original. Muchas habían sido las situaciones de indignidad que había experimentado visceralmente a manos de aquel ser desalmado, llegando, algunas ellas, a estamparse en lo más profundo de su memoria, convirtiéndose así, en un recuerdo vívido que había alimentado sus deseos de escarmiento a lo largo de toda su vida.

Luego de abandonar la institución escolar de la que se había sentido cautivo, las memorias de aquellos momentos oscuros de su vida se habían diluido en la experiencia de la existencia misma. La violencia institucionalizada y los contextos hostiles le habían otorgado el carácter del que siempre había carecido. Todo parecía olvidado no obstante, su alma nunca había dejado de sentir la necesidad de ejecutar la venganza. Aun así, lo cierto era que, trascurridos los años, aquellos deseos de revancha habían entrado en una solemne hibernación. Su mente había estado demasiado ocupada. El mundo había cambiado radicalmente. Sin embargo, ahora estaba allí, una vez más, en aquella aula, sentado contra la pared, contemplando a su antiguo némesis.

  • Max ¿Qué te pasa? Pareces un zombi. Hace un rato no parabas de hablar y ahora estás como si te hubieran lobotomizado. Te toca de vuelta- comentó, quién en aquel entonces, era su mejor amigo.

Max apenas se inmutó. Aquella persona que le hablaba era el fantasma de alguien a quien había conocido ya hacía mucho tiempo. La sombra de un individuo con quien había compartido bromas y jugosas anécdotas durante el colegio secundario. Haciendo caso omiso a sus palabras, siguió mirando a Hal con aborrecimiento. Para él todos los demás no existían. En ese espacio estaba solo él y su antiguo atormentador, traído a la vida por los dioses del tiempo.

  • ¿Qué mierda le pasa a éste?- acotó otro de sus compañeros.

Max se mantenía inmóvil y atento, como un felino agazapado asechando a su presa. De repente, notó que Hal se alejaba con una de las putitas del primer año. Sabía que volvería tarde o temprano. Miró la hora. Faltaban cuarenta minutos para que se hicieran las 13:30hs, momento en el cual comenzaría el turno de la tarde. En un momento se le ocurrió que podría planear las cosas un poco mejor, pero, ¿Con qué objeto? La vida le había enseñado a ser pragmático y eficiente. Aquellos años en el ejército pelando una guerra que le había sido ajena en todos los sentidos lo habían trasformado en un ser práctico y disciplinado. Sin decir absolutamente nada, se levantó de su asiento y fue hasta la máquina de café. Allí introdujo una moneda en el aparato y retiró la bebida. Estaba extremadamente caliente. Tuvo que usar un portavasos de cartón para evitar que su piel se irritara. Antes de volver, observó el artefacto con nostalgia. La última vez que había visto uno como esos había sido en una suerte de museo. Lentamente volvió a su asiento ante la mirada atónita de sus amigos.

  • ¿Desde cuándo tomas café? De veras Max, ¿te sientes bien?

Max seguía sin responder. En su rostro se configuraba una seriedad implacable. Nuevamente dirigió su mirada al marco de la puerta, esperando el regreso de Hal mientras sostenía el café sin beberlo. Pasados unos diez minutos, su viejo atormentador entró por la puerta. Lucía su característica sonrisa petulante. Normalmente, Max hubiera evitado el contacto visual con él para no llamar su atención pero ahora las cosas eran distintas. Su mirada era fija y penetrante, y una sonrisa casi imperceptible estaba comenzando a distinguirse en su rostro carente de expresiones. Sus ojos estaban bien abiertos. Quería llamar su atención.

  • ¿Qué miras imbécil?- Dijo Hal con un tono provocador.

Max permaneció en silencio mientras sostenía la mirada de forma intensa y macabra. La leve sonrisa se hacía cada vez más visible aunque aún era modesta. Sus dientes no se apreciaban del todo. Sus amigos, sentados alrededor de él, temían la típica y rutinaria escena de humillación que habían presenciado tantas veces. No obstante, esta vez, no podían dejar de sentirse intimidados por la actitud de Max. Algo anormal y particularmente retorcido se atisbaba en su expresión.

  • ¿Qué es lo que te pasa idiota? ¿Te gusto tanto que no puedes dejar de mirarme? – Insistió Hal.

La sonrisa de Max se hizo más llamativa y adoptó un rasgo de vesania mientras sus ojos se abrían más y más. Levemente hizo un paneo con su cabeza dirigiendo su visión hacia sus compañeros de mesa. Desde el punto de vista de sus amigos, parecía como si él estuviera desarrollando algún tipo de argumento dentro su cabeza. Su sonrisa seguía aumentando de tamaño ante el desconcierto de los espectadores. Finalmente habló.

  • Amamos la humillación del prójimo ¿Cómo evitarlo? Es parte de nuestra naturaleza- declaró abriendo los brazos en forma expositiva-. Somos víctimas de nuestra propia esencia. Y aquí estamos, en el carnaval de la mierda concentrada. Un Dios entre insectos.

El discurso pareció desconcertar a todos. Mientras lo seguía pronunciando, se levantó de su asiento y avanzó hacia la ventana más cercana. Al hacerlo, comenzó a contemplar a través del vidrio en forma meditabunda.

  • ¿Y qué es lo que tenemos aquí?- continuó solemne pero firmemente- Un hijo de puta sádico replicando el eterno ritual de la degradación. Pero un monstruo ha crecido lentamente dentro mío…Realmente me encanta esa metáfora pero solo la comprenderán ocho años a partir de ahora. O tal vez nunca, quién sabe. Con esto de la temporalidad el destino carece de significado.

Mientras continuaba con su tétrico aunque avasallante despliegue de confianza, Max avanzaba lentamente hacia Hal evitando cualquier tipo de contacto visual. Parecía como un poeta recitando versos al aire. Como uno de esos filósofos que, mientras caminan, iluminan la mente de los oyentes. Sin embargo, lo que experimentaban sus compañeros distaba mucho de ser una iluminación espiritual. Por el contrario, una briza de terror comenzaba a amalgamarse con el desconcierto que sentían. Hal no entendía lo que sucedía, aun así mantenía esa actitud de seguridad que lo caracterizaba. Desde su punto de vista, estaba viendo a un condenado a muerte recitando sus últimas palabras.

  • Estás realmente loco ¿Sabías? Eres un retrasado mental- Dijo Hal sonriendo y buscando complicidad en aquellos que observaban atónitos.

Max realizó una pausa y luego, aprovechando el desvío de la mirada de Hal, le arrojó bruscamente el café hirviente en la cara. Hal se retorció de dolor y colocó sus manos en su rostro. Apenas pasó un segundo cuando Max reventó la entrepierna de su víctima con una patada certera para luego dirigir un cabezazo contundente hacia su cara. Los espectadores no lo podían creer. Estaban helados por la sorpresa. Aquello nunca antes había sucedido. Todo ocurrió tan rápido que apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Cuando se dieron cuenta, Hal estaba en el piso siendo vapuleado salvajemente en la cara. Max alternaba violentos golpes de puño en la nariz sin mostrar la menor piedad. Al finalizar la secuencia brutal, se incorporó y comenzó a patear el rostro de Hal con furia. Luego, comenzó a golpear su entrepierna en forma impiadosa una y otra vez. La sangre cubría el rostro del ahora sometido quien apenas podía permanecer consciente. El rostro de Max expresaba una satisfacción sublime. De repente, uno de sus amigos  intentó detener el espantoso espectáculo solo para recibir un violento golpe en los genitales.

  • ¿Qué clase de amigo eres?- Dijo Max sonriendo pero expresando cierto resentimiento-. Se supone que debes ayudarme ¿Acaso quieres que esté infeliz hijo de puta se levante y me golpee? Y ustedes- exclamó dirigiéndose a los otros compañeros con un tono desafiante- ¿Acaso no van a intentar detenerme también? No se los aconsejo ¿Todo para ayudar a este infeliz de mierda que me ha torturado durante años? No, por supuesto que no.

Max experimentaba el placer de sentir como la adrenalina recorría todo su cuerpo. La fuerza y el poder que apreciaba eran descomunales. Se sentía excitado al ver toda esa sangre en sus manos. Sin esperar demasiado, tomó a Hal por los cabellos y lo arrastró cruelmente por el pasillo ante la mirada perpleja de sus amigos y compañeros. Entró al baño y continuó golpeándolo en los testículos con fuertes patadas alternándolas con alguno que otro pisotón en la cara. Las patadas se hicieron feroces hasta que unos cuantos dientes saltaron de la boca de su víctima. La sangre salía de su nariz y su boca como si fuera un río embravecido. El agresor no sentía deseos de mostrarse piadoso. Súbitamente, Max se detuvo y comenzó a respirar con lentitud mientras suspiraba con tranquilidad. Cerró sus ojos por un momento para luego dirigirse al lavabo. Comenzó a acomodarse el cabello muy lentamente. Luego, comenzó a hablar.

  • Durante años tuve que comerme toda esta mierda día tras día ¿Sabes lo que se siente ser degradado todo los días de tu vida? ¿Sentir miedo a la hora de ingresar a un lugar? ¿Tener ganas de que la vida se acabe apenas comienza el día? Pues ahora lo vas a saber- mientras se miraba al espejo para arreglarse sus vestimentas y su peinado, trataba de disfrutar cada momento. Su tono ahora era sereno-. El mundo es algo complejo, o el universo si vamos al caso. Igual no importa. A estas alturas es todo lo mismo. Al final la inmortalidad era posible pero no como los grandes sabios y científicos lo habían imaginado. Los privilegiados del mundo querían monopolizarla sin embargo, hay cosas que están más allá de su control. Desde luego que volverán a intentar controlar la situación pero, honestamente, no me importa una mierda lo que hagan ellos. Ahora me importa resolver este asunto pendiente. Luego reflexionaré como sigue todo. Vivir el presente que es lo único que hay ¿No? No existe nada más que “el ahora”, ni siquiera hay algo después de la muerte. No hay nada, absolutamente nada y no existe el mérito. A diferencia de esos imbéciles que se creen especiales, yo estoy seguro que nuestro nuevo encuentro se dio por puro azar. Caprichos de un Dios que juega a los dados con las personas. O como decía un sujeto que conocí una vez: “es como un niño matando moscas para divertirse”. O tal vez haya varios dioses, uno por cada universo, o quizás ninguno…Igual no me importa. Nada tiene sentido. Salvo esto…

Mientras hablaba comenzó a desabrocharse lentamente el cinturón y a bajarse los pantalones. De pronto, con un movimiento rápido se sentó sobre la cabeza de Hal y comenzó a defecar en su rostro.

  • Ahora a ti te toca comerte la mierda, solo que literalmente- exclamaba mientras forzaba la materia fecal sobre la boca del, ahora, torturado-. Mirad, mirad, lo grande que se ha vuelto el monstruo que habita dentro mío. Me encanta esa cita. No me canso de proclamarla.

Al terminar el impúdico acto, Max tomó a Hal nuevamente por sus cabellos y lo arrastró fuera del sanitario. Luego, lo llevó hacia una de las aulas contiguas y lo dejó tirado en medio del pasillo. Con un movimiento violento irrumpió en el aula adyacente pateando la puerta. Al hacerlo, proclamó en forma certera:

  • Mis queridos imbéciles, salgan y contemplen a su líder comiéndose la mierda de la sociedad.

Los alumnos salieron y observaron con horror aquella grotesca escena: el rostro de Hal manchado con sangre y hedionda mierda. Apenas podía moverse. Solo podían oírse leves quejidos y sollozos que provenían de su boca. Además de dolor, su rostro desfigurado expresaba asco y una profunda tristeza. El sabor amargo de su propia repugnancia se mezclaba con el sabor salado de su sangre produciendo una aleación repulsiva que le producía arcadas. La sangre también trababa su tranquea lo que le provocaba una leve tos que lo mostraba ante el vulgo como un ser patético y vulnerable.

  • ¿Esto es lo que querían, hijos de puta? Aquí lo tienen. Este es el destino de quién se atreva a volver a agraviarme. Esto se termina hoy y para siempre- gritó Max con una cólera endemoniada que mezclaba sadismo y satisfacción.

La expresión de locura que emanaba de su rostro y la escena dantesca prevenía a cualquiera de reaccionar. Definitivamente, no era algo que se veía todos los días. Max se quedó unos segundos contemplando los ojos de quienes lo observaban. El miedo y horror habían penetrado sus almas. Entonces, fue en ese momento, cuando una calma mística lo dominó y simplemente se retiró caminando con extrema lentitud.

Preludio: La otra mujer

Capítulo 1: La venganza

Capitulo 2: La tortura

Capítulo 3: el demonio interno