La segunda salida

Bueno, basta de nostalgia por ahora. Volvamos al período del despertar. Cuando salí del coma y empecé a recuperar el tiempo perdido ¿Hasta dónde te había contado? Ah sí, hasta después de la primera salida con los del curso de seducción. La segunda fue mucho más divertida y emocionante.

Las clases de Barney eran realmente magistrales. Y, además, nos sentíamos muy acompañados por los coaches, tanto en el las salidas como también a través de los medios virtuales. Una vez dije que si dos hombres encaraban juntos a un grupo de minas eso los hermanaría de una forma extraordinaria. Bueno, ahora tenía un grupo al que pertenecía, con el que, en efecto, hacía eso. Una comunidad formada por personas como yo y con quienes me sentía verdaderamente a gusto. Casi todos los días entraba al foro y a los grupos de Facebook para realizar consultas o comentar mi progreso. Era genial ver todas esas respuestas y mensajes de apoyo. Estaba tan emocionado por aprender que empecé a salir por mi cuenta y comencé a leer cuanto libro pudiera. Apenas terminé el libro del famoso Mystery, comencé con el aún más célebre “El juego” de Neil Strauss ¿Nunca escuchaste hablar de él? Es un periodista de la revista Rolling Stone que en los años noventa se metió en la comunidad de la seducción en los Estados Unidos a través de los foros de la Internet. En la novela, él describe su viaje de autoconocimiento y sus aventuras en el paso por esta comunidad, donde conoció a los “famosos” maestros de la seducción. Es un libro bastante entretenido a pesar de que se nota mucho que el tipo lo uso para auto promocionarse.

En una de las entrevistas que le hicieron cuando publicó el libro (creo que fue en el año 2005), me di cuenta en seguida que se trataba un “chanta”. A ver, seguramente el tipo no era un super seductor ni nada de eso. Es más, el relato me pareció bastante sesgado en cuanto a lo que realmente sucedió y en cuanto a la forma en la que caracteriza a los personajes que él conoció. Lo que sí, definitivamente, es un excelente escritor y, gracias al libro, el muchacho saltó a la fama.

En la novela describe sus peripecias por el mundo de la seducción junto a su mejor amigo, Erik (Mystery), y relata como fue armando la industria de los seminarios de seducción y de las denominadas “dinámicas sociales”. En el libro se describe como, gradualmente,  toda la comunidad se volvió un alto puterio y como, finalmente, fue él (obvio), quien reivindicó la causa. Él es el héroe de su novela, claramente. Por eso te digo que conocía muy bien el oficio de escribir. La estructura básica de una buena historia tiene tres personajes ejes: el héroe, el maestro y el villano (o el monstruo). En este caso el villano se llamaba Tyler Durden. Sí, como el personaje del club de la pelea. En realidad se trataba de un canadiense llamado Owen Cook que a partir de aprender el modelo creado por Mystery, ideó su propio modelo y creó una empresa aparte llamada RSD (Real Social Dynamics). Por lo que había visto en Youtube, realmente había tenido un éxito rotundo y ya, para ese entonces, Mystery había quedado en el pasado. Había sido el pionero, sin duda, no obstante, como es natural, ya había sido superado. Obviamente, en el libro la caracterización de Owen es bastante negativa. Lo que era lógico ya que él no era el autor de la novela y ésta necesitaba de un villano. Luego de ver varios vídeos de él, llegué a la conclusión que la descripción del libro parecía algo exagerada. A los sumo pecaba de arrogante pero nada más. Sin duda era un excelente orador y un experto en marketing, como todo aquel que tiene éxito en cualquier negocio.

Ahora que lo pienso, como lo explican los libros de psicología social, cada grupo necesita su lenguaje, sus códigos, sus símbolos y, tal vez más importante, su mito fundacional. En este caso la “Comunidad de la seducción” había comenzado con el mítico Mystery hacía como unos 20 años. Ese era el origen mitológico. Y la novela de Strauss era como la biblia. En la Argentina todos aquellos que estaban metidos en los foros de seducción adoraban a los sabios de la antigüedad que habían forjado el conocimiento sagrado. El marketing y la creación de un culto, a la larga, se trata de lo mismo: crear deidades a las que adorar. Hoy en día cualquier pendejo puede agarrar un libro de psicología social y crear su propio culto o su escuela de desarrollo personal, seducción o coaching. En cierta forma, tuve la oportunidad de vivir una experiencia al estilo la película “La ola”. Lo que sin duda fue muy valioso. Si viste la película vas a entender porque te lo digo ¿No la viste? Bueno, entonces mirala.

Durante las clases que vinieron después de la primera salida vimos las fases que nos quedaban de la etapa de atracción. Fueron muy interesantes. Para ese entonces, yo ya había leído sobre el tema y me había aprendido un par de rutinas. Sin embargo, estaba más ansioso de llegar a la parte del beso y a la lección en donde nos enseñarían cómo evitar caer en la fatídica zona de amigos ya que, precisamente, esos dos eran mis grandes traumas. En realidad no era el único con el mismo problema y por eso siempre había gente preguntando sobre el tema. Barney nos tranquilizaba con templanza y nos pedía paciencia. “Paso a paso”- nos decía- “Primero hay que establecer la primera charla y luego hay que separarla del grupo”- comentaba- “Sino hacés eso, va a ser difícil que puedas besarla. Se va a sentir cohibida por el “factor fulana.”-

Como te había comentado, ya algo había leído sobre eso. Si una mujer se chapa a un chabón delante de las amigas se va a sentir como una puta. Por supuesto, no a todas les pasa esto pero a muchas sí. Eso siempre había que tenerlo en cuenta, según nos comentaba Barney.  Nos explicó también que, luego de recibir suficientes indicadores de interés, podíamos pasar a la fase “A3” que consistía en hablar solo con la chica que nos gustara en vez de con todo el grupo. En ese momento era donde debíamos aplicar las llamadas rutinas de atracción. Una de ellas, por ejemplo, consistía en enseñarle un saludo secreto con las manos. Esto tenía dos propósitos: por un lado empezar a hacer kino para aumentar la temperatura, y, por el otro, crear “valor único”, es decir complicidad. Compartir algo único con otra persona ayuda a que se genere empatía entre ambos.

También estaban las famosas rutinas de lectura en frio ¿Qué no sabés que es? Sí sabés  ¿Alguna vez viste lo que hacen las adivinas o los horóscopos? Es eso. Decir frases generales que se aplican a todo el mundo, no obstante, cuando se las decís a alguien parece como si les estuvieras leyendo la mente. Eso también genera empatía o la sensación de conocer a la otra persona aunque estés hablando con ella por primera vez. Y no hay que olvidar los famosos test de personalidad.  “A las mujeres les encantan los test como les encantan los juegos, ¿Acaso no vieron que las revistas para mujeres como, por ejemplo, la Cosmopolitan, están llenos de tests de personalidad y cuestionarios para encontrar al hombre ideal?”- Nos instruía Barney con maestría.

Yo no paraba de tomar nota y la ansiedad incrementaba. Quería salir ya mismo a probar los conocimientos y a leer más contenido para aprender todas las rutinas que pudiese. Si bien la creatividad era algo que me sobraba, estaba tan inseguro con respecto a mi forma de actuar (por los escasos resultados obtenidos durante toda mi vida) que prefería confiar en las frases enlatadas y las rutinas, por más ridículas que pudieran llegar ser. Aun así, muchas de ellas funcionaban bastante bien.

Para los grupos grandes era elemental tener un “ala” o “wing man” como se decía en inglés. La idea, una vez que entrabas al grupo, consistía en presentar a un amigo como “el tipo más increíble de la tierra”. La idea era mostrar que tratabas bien a tus amigos, algo que la mayoría de los hombres no hacen en los boliches ya que están desesperados por ponerla y compiten entre ellos a muerte lo que, según nos decían, les bajaba el valor. Hablar bien de tus amistades subcomunicaba “protección a seres queridos”, ¿Entendés?

Una vez que entraba el ala, la idea era “negear” a nuestro objetivo para que él supiera que esa era la chica que nos gustaba. Paso siguiente, nuestro cómplice comenzaba distraer a las amigas. Debo admitir que ésta dinámica de equipo me entusiasmaba mucho y me hacía sentir que era parte de un grupo de personas buscando ayudarse mutuamente.

La segunda salida fue todavía más emocionante y lo que pasó me llenó de alegría. En una de las clases nos habían dicho que una forma de llamar la atención de las mujeres eran hacer algo llamado “pavoneo” que consistía en utilizar ropas o artículos llamativos para destacarse. A decir verdad, parecía medio ridículo. Era casi como un documental del National Geographic. De todas formas, tomé nota. La cuestión fue que nos habían dicho que para la siguiente salida compráramos un artículo llamativo con el cual vestirnos. Con entusiasmo y fe ciega en mis maestros compré una peluca de color muy graciosa. Cuando llegué al punto de reunión, en aquella noche épica, todos estaban con sus artículos. Adicionalmente a la peluca, me dieron unas pulseras fluorescentes que, sin duda, iban a llamar la atención en la oscuridad del boliche.

Estaba con mucha energía y me sentía lleno de brío al estar con los otros miembros de la camada. Iniciamos el ritual de gritar nuestros apodos y entramos como una manada de lobos hambrientos. La misión consistía en aplicar alguna de las rutinas que nos había enseñado, como la del saludo y la de los tests. Nos dijeron que no nos preocupáramos por entrar a los grupos y aplicar las rutinas de las fases A1 y A2 debido a que los artículos y disfraces harían ese trabajo por nosotros. Me pareció algo extraño pero confié en lo que escuchaba.

Al entrar mi sorpresa fue enorme. La reacción de las chicas, la mayoría de no más de 20 años, fue descontrolada. Se me acercaban a pedirme las pulseras fluorescentes con desesperación. Igualmente, Barney nos había prohibido terminantemente ceder ante la presión de la demanda- “Hagan lo que hagan”- Nos dijo- “No les den sus pavoneos. Les van a rogar, incluso, les van a decir que se lo cambian por un beso, pero tienen que mantenerse firmes. Esa es otra de las misiones de esta noche.”

Prácticamente no tuve que iniciar ninguna interacción, mis pulseras y mi peluca lo hacían por mí. Se me acercaban a hablar y me acariciaban los cabellos falsos. Estaba muy emocionado, casi excitado de la alegría. Efectivamente sucedió lo que nuestro coach principal nos había dicho, y yo me mantuve firme aunque terminé robando algunos besos. Era una locura. Acabé hablando con un par de chicas y, de hecho, saqué un par de teléfonos. Ninguno fue un cierre sólido ya que no se estableció conexión profunda alguna. La prueba fue que, al otro día, cuando las llamé o les mandé un mensaje, ni siquiera me contestaron los textos que les había enviado. Había que aprender todavía las famosas técnicas de confort. Sin embargo, en ese momento, la estaba pasando tan bien que a duras penas me importaba desconocerlas. Me divertí mucho y mis ojos estaban cada vez más abiertos ¿Tan simple era todo? ¿Por qué nadie me lo había explicado?

Al otro día me desperté renovado. Me senté en la computadora y escribí mi reporte de campo describiendo las interacciones y como me había sentido. La devolución de Barney me llenó de orgullo y satisfacción. Era un gran motivador. En realidad los tres coaches lo eran.

Episodio siguiente: El estatus social

Episodio anterior: No me olvides 

Primer episodio: La chica del Starbucks 

Todos los capítulos:

  1. La chica de Starbucks 
  2. Locuras de oficina
  3. Los años en la cárcel
  4. Los últimos sinsabores
  5. Tocar fondo
  6. La noche porteña
  7. El carnaval de mierda 
  8. La primera clase
  9. La primera salida
  10. Una segunda oportunidad
  11. No me olvides
  12. La segunda salida
  13. El estatus social