La primera clase

No sé si fue un martes o un miércoles pero lo que si recuerdo es que estaba en el Mecon cuando recibí la llamada. Me indicaban que el curso de seducción comenzaría esa semana. Asumí que llamaban a todos por si alguno terminaba faltando. Ya sabés, por timidez más que nada. Después de todo no se trataba de una propuesta muy común. Aquel mensaje me dio algo de optimismo aunque mis expectativas eran bajas. Venia medio “bajoneado”. Si bien estaba saliendo más, todavía no tenía ningún resultado concreto. Estaba medio deprimido.

Finalmente llegó el día. Cuando arribé al lugar que me habían indicado noté que se trataba de un bar. Al entrar pude observar que alguien estaba sentado en una mesa cobrando el costo del curso a las personas que pagaban en efectivo. El lugar era oscuro y había bastante gente. Unas quince personas, tal vez unas veinte. Igual no me fijé en eso. Más allá de mi “caradurez” habitual, me sentía algo inhibido para hacer sociales. Además, estaba medio deprimido y bastante escéptico. Aun así, como te dije antes, cuanto más en el pozo estás, más haces cualquier cosa para salir. Probas de todo. Yo venía haciendo eso precisamente. En los meses anteriores había hablado con un rabino y hasta con una consejera espiritual católica amiga de la familia de Fernando. A ese nivel de desesperación había llegado. Hasta me había inscrito en un curso de stand up para desahogar mi tristeza y convertirla en un repertorio cómico. Siempre me habían dicho que tenía talento para eso así que había decidido darle una oportunidad.

Disimuladamente me senté en un asiento y comencé a observar el entorno. No había mucha luz. Me puse a escuchar las conversaciones de algunos de los personajes que se encontraban cerca mío. Hablaban de autores y de libros como si ya se hubiesen informado sobre el tema. La verdad no prestaba mucha atención. De repente, un chico alto y muy flaco comenzó a hablarme. Me dijo que estaba ahí para mejorar, o algo así. En ese momento te juro que no pude contener la melancolía y solté una  frase de la que nunca voy a olvidarme: “Toqué fondo y sigo cavando”.

Estaba envuelto en mis pensamientos cuando otro tipo muy flaco pero no tan alto se presentó ante nosotros y nos indicó que subiéramos al primer piso. Allí había unos asientos muy pequeños y también poca iluminación. Me senté en una segunda fila y aguardé a que todos se sentaran. Tenía cierta curiosidad por saber que presenciaría. Cuando todos terminaron de sentarse, este singular personaje muy delgado nos dio la bienvenida con una sonrisa adorablemente cálida. Se presentó asimismo como Barney y luego introdujo a sus colaboradores: Ryder y Flynn. Explicaron que nosotros también debíamos elegir apodos con el cual nos identificaríamos a partir de ese momento. Para ayudarnos en dicho proceso nos explicaron cómo cada uno de ellos había elegido el suyo. Barney lo había elegido en referencia a un célebre seductor de una serie de televisión: Barney Stinson, de las serie “How I met you mother”. Ryder era fanático de las motos, de ahí su nombre. Por último, el apodo de Flynn hacía referencia al creador de la revista Hustler, Larry Flynn. Sí, el de la película. Era un tipo muy simpático. Un colombiano que residía en Argentina como tantos otros hoy en día.

En ese momento solo un apodo me vino a la mente: “Hume”. Sí, por David Hume. El célebre filósofo sobre el que mi hermano y yo habíamos inventado una suerte de mitología basada en hechos reales ¿No te acordás que te conté? A diferencia de los otros filósofos, Hume era un tipo muy alegre y optimista. Amante de la buena comida y el buen humor además de ser un gran seductor. Era el típico gordito “simpaticón” básicamente y, de alguna forma, una encarnación de lo que yo quería ser. Así que ¿Porque no serlo entonces? Entonces así fue. Desde ese momento fui conocido en “La comunidad” de la seducción como Hume.

Apenas finalizó la elección de los seudónimos comenzaron las lecciones. Barney hizo toda una presentación de la teoría que tomaríamos como base y del libro de cabecera que usaríamos. Utilizaríamos el archi conocido libro de Erik Von Markovik (también conocido en el mundo de la seducción como Mystery). Por supuesto, en aquel momento no tenía ni puta idea quien era ese personaje. Luego nos indicó que podíamos bajarlo desde la biblioteca virtual del foro donde también podríamos compartir todas nuestras experiencias.

Debo admitir que ya para ese entonces Barney había captado mi atención sin embargo, no fue sino hasta que empezó a enumerar los problemas más comunes que tienen los hombres con respecto a las mujeres cuando realmente me sentí intrigado e, incluso, algo esperanzado. Desde cómo empezar una conversación con una mujer hasta como besarla, enumeró cada uno de los dilemas masculinos que existían. Te juro, estaba atónito. Hasta mencionó la fatídica zona de amigos en la que siempre terminaba cayendo. Ahí las cosas empezaron a ponerse interesantes y, lo mejor de todo, fue que ahí mismo estaba lleno de personas como yo que habían sufrido las mimas horribles situaciones y que se sentían igual de miserables. Incluso más tal vez. Fue realmente raro pero, por primera vez en mucho tiempo, me sentí comprendido y acompañado. Lentamente esos extraños que me rodeaban fueron volviéndose personas con las que podía identificarme.

Barney continuó con la explicación de manera magistral. Se notaba que tenía experiencia como docente por la forma estructurada y entretenida en la que desarrollaba sus explicaciones. Básicamente, su introducción al “marco teórico” de la seducción consistía en una mezcla ingeniosa de conceptos de la biología y la antropología que, aunque era un poco pretensiosa, tenía algo de sentido. Según aquel enfoque las mujeres se sentían atraídas hacia hombres con alto VSR (acrónimo de Valor de Supervivencia y Reproducción). Sí, ya sé que suena raro. En ese lugar, como te lo voy a ir explicando, usaban un léxico particular. La mayoría eran acrónimos y abreviaciones de frases que después, por lo que descubrí, se trababan de traducciones de los términos que había inventado ese tal Mystery en los Estados Unidos. Sí, ya sé, es re de psicología social. Y creeme cuando te digo que ese era solo el comienzo. Te aseguro que muchas cosas que vinieron luego me hicieron acordar a la película “La ola”. No obstante, si te ponés a pensar, todas esas técnicas y herramientas son hoy en día la piedra angular del marketing moderno: convertir a los clientes en seguidores y/o en miembros exclusivos de un selecto grupo. Al fin y al cabo, todos los seres humanos queremos pertenecer a un grupo y sentirnos especiales. Igualmente, en aquel entonces, más que hacer un análisis de todas esas herramientas y técnicas, lo que realmente quería era encontrar una solución al problema que me había atormentado por más de una década. Y la verdad era que la exposición de Barney y el hecho de sentirme parte de un grupo de personas con las que compartía algo, me llenaban de sentimientos cálidos y reconfortantes.

Bueno, como te decía, este VSR estaba definido por tres características que, en nuestra sociedad moderna, era gatillos de atracción para las mujeres: el liderazgo, la preselección (ser deseado por otras mujeres) y la protección de los seres queridos (familia, amigos, mascotas, etc…). Según la explicación académica, esto podría observarse en el hecho de que las mujeres lo deseaban más a uno cuando estaba de novio o acompañado por una mujer muy hermosa (para el caso de la preselección). También se podía observar en la ternura que generaba en una chica ver a un hombre con una mascota tierna o un bebe (para el caso de la protección a los seres queridos). Todo esto empezaba a hacerme recordar una multitud de situaciones en mi vida donde, efectivamente, había observado estas imágenes. Ya sea por experiencias que había vivido o por situaciones que me habían narrado algunos amigos, las explicaciones parecían tener bastante sentido.

Luego de la breve introducción biológica nos pasaron unos videos explicativos donde aparecían los creadores de la empresa. Esencialmente lo que ellos proponían enseñarnos era el llamado Mystery Method o M3 que había inventado hacía unos 20 años atrás aquel personaje que te mencioné. Al finalizar los videos, Barney comenzó a explicarnos la primera parte del célebre modelo secuencial. Según lo habían explicado en el vídeo, constaba de tres etapas generales: atracción, confort y seducción. Y dentro de cada una de ellas había, a su vez, pasos a seguir bien definidos. Lo que me gustaba de la propuesta era que, por primera vez en mi vida, me estaban explicando el “como” paso por paso. Realmente me sentía muy motivado. Cuando pensaba en la cantidad de imbéciles que me habían dado consejos inútiles y desfragmentados a lo largo de mi vida me daba ganas de golpear la pared de la bronca. Te lo juro.

El método, según lo pude apreciar, había sido diseñado para usarse en los boliches y en los bares. La idea era que, si lo aplicabas meticulosamente, con el tiempo y la práctica te permitía ir desde la “apertura” hasta el “cierre completo” o “fullclose” que, esencialmente, era garcharse a la mina. Sí, como verás se mantenían los anglicismos en la jerga de la seducción argenta. Hoy lo encuentro ridículo pero en aquel entonces lo único que me importaba era resolver el problema de mi desdicha existencial. Así que me la pasaba tomando notas de cada una de las palabras que Barney pronunciaba como si estuviera en algún curso de la universidad.

Lo primero que nos explicó es que, como en el boliche el valor de los hombres era inferior al de las mujeres, este debía revertirse hasta quedar igualados. Para ello, según nos contaba, teníamos herramientas llamadas “negas” y “DAVs”. La primera, como te había mencionado, era una suerte de chicana o “piropo envenenado” cuya única función era bajarle el valor a la chica. O su nivel de ego para ser más preciso. El segundo, era un comentario que básicamente subcomunicaba que eras un hombre de “alto valor”. Este era otro concepto medio abstracto que se repetía mucho en el curso. Si bien no estaba claramente definido era muy marketinero por lo que todos queríamos ser “un hombre alto valor”.

En cuanto a las DAVs, éstas podían expresarse en comentarios que hicieran referencia a los valores de atracción (preselección, liderazgo y protección de seres queridos). Sí, ya sé que no se entiende. Pará un segundo que ahora te doy un ejemplo. Para que lo entiendas, decir que tenías que viajar la semana que viene era una DAV porque subcomunicaba que eras una persona con un trabajo importante. O, por ejemplo, decir que mañana acompañarías a tu hermana a comprar algo subcomunicaba que eras una persona que se preocupaba por sus seres queridos ¿Entendés más o menos? De eso se trataba.

La forma en la que Barney explicaba cada concepto y la secuencia en la que los exponía era realmente magistral. Encima lo hacía de una forma muy pedagógica. “Así deberían explicarse todas las cosas en la vida”, pensaba yo. Nos enseñó también que, como las mujeres siempre van a un boliche en grupo, siempre es esencial ganarse a éste primero antes de hablarle a la chica que nos gustaba. La secuencia era: primero, entrar al grupo con un abridor u “opener”,  segundo, dirigirse a todas las chicas salvo a la más linda (la cual tenía el ego por las nubes supuestamente), tercero comenzar a “negearla” para que ella comenzara a buscar nuestra atención y, finalmente, recompensar su atención respondiendo a sus intervenciones.

La típica “rutina” que nos enseñaban era la de abrir con “Chicas, tengo un minuto, necesito una opinión femenina”. Y luego hacerle una pregunta típica de revista para mujeres cuya intención era la de crear polémica. Sí, ya sé, no te rías. Pero pensá que tiene sentido. A todo el mundo le gusta dar su opinión. Sobre todo a las mujeres si les preguntas cosas tan estereotipadas como: “¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer?”, “¿Que me recomendarían comprarle a mi sobrina para su cumpleaños?”, “El novio de mi mejor amiga todavía habla con su ex, ¿Que debería hacer?”. Y preguntas así.

Después, la cuestión era ignorar a la que te gustaba y cada cuanto tirar un comentario de tipo: “¿Qué le pasa a esta?”, “¿Dónde tiene el botón de encendido?” “Ella es la mala del grupo ¿no?”. Según nos explicaban los “coaches”, cuando hiciéramos estos comentarios o negas ellas tenderían reaccionar pegándonos en forma juguetona tratando de llamar nuestra atención. Lo cual era bueno ya que el hecho de que nos tocaran, según exponían, era una forma de conectar. Como te había dicho antes, la indiferencia era la única reacción negativa. Bueno, eso o que se ofendieran demasiado. La verdad era que todo lo que se exponía tenía bastante sentido: cuando uno es ignorado busca desesperadamente llamar la atención del otro. Es prácticamente humano. La indiferencia es una de las cosas más horribles que existen y es un arma para generar ansiedad en los demás y, así, lograr que se vuelvan adictos a nuestra atención. Cuando una mujer hacía cosas para llamar nuestra atención, Barney decía que aquello era conocido como un indicador de interés o un IDI. Por oposición, cuando no generamos atracción aparecían los temibles IDEs (indicadores de desinterés).

Sé que te produce gracia porque sos sociólogo y estudiaste psicología social. Por supuesto que toda tribu tiene su propio lenguaje. Es parte de la creación de un sentimiento de pertenencia. Como te dije, hoy en día todas las empresas lo hacen. Es más, muchas lo vienen haciendo desde hace décadas. La famosa cultura corporativa como le dicen.

Ahora bien, volviendo a lo nuestro. Imaginate mi reacción y la de la mayoría de los que estaba ahí. Yo estaba repasando con mi mente un montón de situaciones a lo largo de mi vida que, de hecho, podían ser explicadas por todo este nuevo marco teórico. Y lo mejor era que recién comenzaba el curso. Estábamos todos increíblemente entusiasmadísimos. No parábamos de hacer preguntas a lo que Barney nos tranquilizaba diciendo: “Calma, eso ya lo vamos a ver más adelante, hoy nos concentramos en la primera etapa de la fase de atracción”.

Lo mejor de todo era que muchas de las preguntas que los otros chicos hacían eran las mismas que yo hubiese hecho. Me acuerdo que cuando un chico planteo el problema de que podía sacar números de teléfonos y Facebooks pero no concretaba muchas citas o, aunque las concretara, no podía llegar al beso, me sentí terriblemente identificado. La historia de mi vida. Yo no tenía problemas en abrir y sacar números. Eso era fácil para un cara rota como yo. El problema era que no podía cerrar. O como decían en el curso, hacía muchos “phone close” y “facebook close” pero ningún “kiss close” y menos aún un “full close”.

Lo realmente gracioso fue cuando empezamos a realizar ejercicios para practicar como abrir grupos en los boliches. La idea de la primera salida sería, precisamente, poner en práctica las rutinas de las primeras etapas de atracción: abrir, hablar con las amigas, negear a nuestro “objetivo” y dirigirnos a él cuando recibiéramos al menos tres IDIs. Me acuerdo que repartían una hoja con el esquema y una lista con los IDIs más comunes. Sí, más que nada cosas del lenguaje corporal. Vos sabés de eso: que se toque el pelo por ejemplo. Aunque también habían otras cosas como que se rieran de nuestros chistes, que nos preguntaran nuestro nombre, etc…

Estoy seguro que las típicas feminazis amargadas pegarían el grito en el cielo por todo lo que te estoy contando pero la verdad era re divertido. Además me sentía re bien al estar intercambiando anécdotas similares con otras personas. Imaginate la situación. Ahora sabía que no era el único al que le habían pasado todas esas cosas horribles. Si tendré anécdotas para contarte de mis épocas en las que no sabía nada y descalibraba a más no poder. Sí, exacto. Calibrar quería decir, practicar hasta que la teoría te saliera. De ahí el término “descalibrado”, que se refiere a la persona que no tiene mucho sentido común ni tacto con la gente. Básicamente como yo solía ser.

Cuando salí de la primera clase estaba como enloquecido. Quería comenzar a practicar ya. Todavía faltaba una semana para la primera salida sin embargo no podía esperar. Un mundo de conocimientos se había abierto ante mí y la idea de que era posible aprender a levantarse cualquier mina estaba lentamente apareciendo en mi mente. Esa creencia comenzaba a forjarse haciendo frente a los pensamientos antiguos y deprimentes que se habían vuelto cemento en mi cerebro luego de años de frustración. Desde ese momento todos los objetivos profesionales se hicieron a un lado. Quería dedicar toda mi energía y atención para incorporar este nuevo conocimiento. Quería recuperar el tiempo perdido. Quería tener mis revanchas. A partir de ese momento esa fue mi prioridad.

Episodio siguiente: La primera salida

Episodio anterior: El carnaval de mierda

Primer episodio: La chica del Starbucks 

Todos los capítulos:

  1. La chica de Starbucks 
  2. Locuras de oficina
  3. Los años en la cárcel
  4. Los últimos sinsabores
  5. Tocar fondo
  6. La noche porteña
  7. El carnaval de mierda 
  8. La primera clase
  9. La primera salida
  10. Una segunda oportunidad
  11. No me olvides
  12. La segunda salida
  13. El estatus social