La nostalgia es mi droga

Observo la fotografía que se encuentra en el ante ultimo estante de la biblioteca. El Rio de la Plata a mis espaldas brilla majestuosamente. Era una tarde soleada. Estaba junto al cañón del Graf Spee en la rambla. La melancolía me invade.

La nostalgia es mi droga. Sus filamentos me lastiman no obstante disfruto experimentar esa añoranza por un pasado lejano.

En la imagen luzco sonriente. Montevideo, junio del 1998, tenía trece años, mi primer viaje fuera del país por mi cuenta. Requerí de un permiso especial de mis padres para cruzar la frontera.

Lo hice porque necesitaba sentirme vivo. La rutina escolar me embotaba, necesitaba escapar. También quería ver a mis abuelos. Se habían marchado de Argentina unos años antes. La foto fue tomada por uno de ellos.

Diecisiete años han pasado. No extraño a quienes se fueron. Lo que me acongoja es saber que esos momentos han quedado fuera de mi alcance.

El pasado es eso, una tierra lejana a la que ya no podemos retornar. Solo podemos observarla desde la distancia. El presente se siente tan irreal y el ayer tan nítido.