La mediocridad del periodismo argentino

Mucho se ha hablado en las últimas dos décadas sobre el rol del periodismo en la democracia. Precisamente, el debate llegó de la mano de una estrategia discursiva implementada por el kirchenrismo con el fin de crear otro chivo expiatorio más para asegurar su hegemonía y garantizar el apoyo de un vasto sector de la población. Una estrategia de manual de psicología social para lavarle el cerebro a las masas: “si quieres asegurar que la gente te siga, crea un enemigo, alguien que represente la suma de todos los males, alguien a quien la gente pueda culpar por sus desgracias”.

En el caso del partido que gobernó la Argentina durante los últimos doce años el enemigo elegido fue la “Oligarquía”, “La clase media” y el periodismo disidente (representado por el Grupo Clarín). Los primeras dos las puse entre comillas ya que no estaban muy definidas. Es decir, nadie tenía muy en claro de quien se estaba hablando. Más allá de unos pocos nombres, era difícil saber quiénes estaban incluidos en dichas categorías. Recuerdo una vez estando en el subterráneo de Buenos Aires el comentario de una mujer de alrededor de cuarenta años. Ella se quejaba de la “clase media” y de cómo se beneficiaba a costa del pueblo. Lo que no pude dejar de notar es que, teniendo en cuenta una caracterización por ingresos, esta mujer pertenecía a aquella “clase media” que criticaba.

Las estrategias de psicología social (en las que se incluye la mencionada de crear un enemigo) han sido utilizadas una infinidad de veces a lo largo de la historia. Desde los gobiernos autoritarios de la Alemania nazi y la Italia fascista hasta los gobierno de George Bush hijo y otros republicanos, pasando por los gobiernos populistas latinoamericanos de la última década y los nuevos movimientos europeos de ultra derecha, todos las han usado.

Como se puede observar las técnicas de manipulación de masas van más allá del hecho que un gobierno sea de “derecha”, “centro” o “izquierda”. A la vez,  trascienden en el tiempo y en el espacio. Son simplemente estratégicas y herramientas de manipulación que las puede usar cualquiera. Incluso usted mi querido lector si desea crear su propia secta o bien generar fidelidad y admiración en los clientes de su empresa. El sector privado también las utiliza con mucha eficacia ¿Que literatura cree usted que leen los estudiantes de marketing? Si quiere saber más al respecto sobre estas técnicas le sugiero ver las películas “La ola”, “El experimento” (basada en la experiencia realizada en la Universidad de Stanford) y “El experimentador” (basada en las experiencias llevadas a cabo por Stanley Milgram). Todos experimentos sociales que solo prueba una cosa: somos muy fáciles de manipular.

En el caso del gobierno kirchnerista, la estrategia se concentró en atacar a los llamados “medios hegemónicos”, a los cuales se los acusaba de distorsionar la realidad con el fin de beneficiar a un sector específico de la población ¿Porque fue tan eficiente dicha estrategia? Debido, precisamente, a que algo de verdad había en ello. Es decir, los grandes medios de comunicación alrededor de todo el mundo representan intereses particulares y han participado en campañas de difamación, encubrimiento o, incluso, golpes de Estado. Esto no es una novedad y, de hecho, Noam Chomsky lo ha denunciado durante años. No se trata de teorías conspirativas sino meramente de un descripción de cómo funciona la realidad. Aquel que tiene dinero puede comprar todos los medios que quiera y así pintar la realidad como le convenga. Es así de simple.

Así como dentro de los medios han existido periodistas que han denunciado casos de corrupción y estrategias de desestabilización tanto a nivel nacional como internacional, hay otros que han contribuido a incentivar dichos eventos y estrategias. Y solo para aclarar, me estoy refiriendo a renombrados medios como el New York Times, CNN y la BBC. No mencionó a Fox News porque su apoyo al partido republicano y a las políticas neo liberales es demasiado obvio (tanto que son blanco de bromas por los más sarcásticos comediantes norteamericanos).

Ejemplos sobran. Puedo mencionar la campaña de difamación a Jeffrey Wigand quien denunció a las compañías tabacaleras y cuya historia fue retratada en la película “El informante”. O también el caso de Gary Webb, periodista cuya reputación fue destruida por los medios masivos debido a que denunció como la CIA había participado en una de las mayores redes de narcotráfico en los Estados Unidos. Los triste de este caso es que su reputación quedó destruida e, irónicamente, años después la Agencia Central de Inteligencia terminó admitiendo lo que había hecho.

Volviendo al tema en cuestión, se puede afirmar que el Frente para la Victoria en Argentina utilizó un discurso basado en hechos reales para ganar cierta veracidad. Aun así, lo cierto es que, en realidad, estaba haciendo precisamente lo mismo que denunciaba: el diario Página 12 y el canal 678 se convirtió en un vehículo mediático para influenciar a la opinión pública. Igualmente, no fue la única estrategia. Menciono ésta ya que estamos hablando de los medios de comunicación.

Ahora bien, independientemente de las estrategias utilizadas por el partido en cuestión, valdría la pena aclarar que el periodismo “crítico” (ya sea Clarín, La Nación, Infobae, TN, C5N y otros), nunca se destacó por su seriedad periodística. Claro que, debido a que quien los denunciaba por ser medios representantes de interesas tenía sus propios medios que defendían los suyos, la acusación carecía de seriedad. No obstante, una cosa no quita la otra. El problema era que, lamentablemente, quien denunciaba carecía totalmente de autoridad moral, por lo que la denuncia, por más verdadera que haya sido, perdió credibilidad. Y, en este caso, terminó por aumentar la credibilidad de los, en ese entonces, medios opositores quienes realizaron exhaustivas notas denunciado cientos de casos de  corrupción que, de hecho, resultaron ser verdaderos.

Y aquí el dilema ¿Son estos medios realmente independientes como ellos se autodenominan? Para nada. Sin ir más lejos Clarín siempre ha sido un medio representante de intereses privados que ha apoyado en forma burda gobiernos específicos como el de Menem, por ejemplo. Si no me cree vaya a la hemeroteca del Biblioteca Nacional y busque los diarios de los años noventa y verá de lo que hablo. De hecho, el periodista Jorge Lanata se la pasaba denunciado como dicho medio ayudaba a un gobierno corrupto a defender los intereses de grupos específicos. Es más, si vamos más atrás, dicho medio ha ayudado a desestabilizar gobiernos democráticos y ha apoyado gobiernos que han destruido el tejido social de nuestra sociedad. Por supuesto ya nadie se acuerda.

Una cosa no quita la otra: tanto los medios oficialistas como los medios disidentes eran claramente periodismo dependiente de alguien. Cada uno apoyaba a un sector específico. Cada uno se interesaba en generar su verdad. El periodismo serio e independiente en la Argentina no existe como tal. El último bastión de aquel se puede encontrar en los blogs o en los portales que, de alguna forma, han desafiado la hegemonía de los medios masivos (ya sea de un lado o del otro). No por nada estos últimos se han dedicado a comprar o cooptar a los blogueros. Saben que representan una amenaza para su hegemonía.

Finalizo con una anécdota que representa lo expuesto. Hace un tiempo atrás tuve una interesante conversación en un bar con un periodista del medio Infobae. Como ya iba por la tercera cerveza su lengua comenzó a aflojarse. Además de hablar pestes de Daniel Hadad (a quien definió como un sociópata manipulador extremadamente peligroso) mencionó que, si alguien poseía el dinero suficiente podía pagar para poner una nota que beneficiara o perjudicara a algún sector específico o, incluso, a una persona física. Honestamente no me sorprendió, digo al fin y al cabo, por la plata baila el mono.