Historia de una púa (Anécdota)

 

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Historia de una Púa

Este relato comienza así.

A fines del año 1969 yo había terminado de hacer el servicio militar, y entré como vendedor en una casa de instrumentos musicales. Tenía todas las ganas de comprar una guitarra eléctrica ése mismo año ya que hacía rato que me paraba en cuanta vidriera se me pusiera delante de todas las casas de instrumentos.

En la que comencé a trabajar se dedicaban más a guitarras finas criollas, muchos pianos y muy pocos instrumentos eléctricos. No había nada para mí ahí.

Yo le apuntaba a dos que venía viendo y me atraían mucho.

Una era una guitarra sueca recién llegada al país marca “Hagmstron” y la otra, una “Vox” (un formato raro, medio geométrico) la misma marca de los equipos de los Beatles. Las Fender o Gibson estaban fuera de mi alcance de dinero.

Con el sueldo que cobré el primer mes y con la libreta de ahorro postal (existía por ese entonces) que cambié por plata, junté el valor aproximado para comprar cualquiera de las dos.

Así que con el dinero en el bolsillo y toda la ilusión después de desear durante tanto tiempo concretar ese sueño me encaminé hacia mi objetivo.

Fui primero al de la calle Talcahuano, era uno de los más grandes comercios de instrumentos por la variedad de marcas que tenía. Ahí estaba entre la variedad de Fender, Gibson, la “Vox”. Me paré en la vidriera. Me pareció la más linda de todas. Nervioso y transpirando entré al local.

Yo conocía el lugar de comprar cuerdas de nailon para la criolla y algún encordado de acero para las violas que me prestaban eventualmente. Me acerqué al dueño que estaba ensobrando algunos artículos diminutos y le digo: estoy interesado en la guitarra Vox, la que está en la vidriera.

Sin moverse demasiado y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo lo escucho que me dice: Ah, si, la color blanco.

Me queda esa sola. Están por entrar más modelos de esa marca. Date una vuelta la semana que viene y ves el surtido.

Yo ansioso como estaba parecía no entender lo que decía y le pregunto: ¿Y la de vidriera?…Sin modificar su postura corporal me contesta: No puedo entrar en la vidriera. El sábado a la mañana viene el vidrierista. ¡Venite el sábado!… Sentí en ese momento que se me pinchaba el globo de la ilusión. Pensé en decirle que tenía la plata encima, pero no me pareció prudente por seguridad. Mintiendo le dije OK. saludé y me fui.

Volví a verla en la vidriera, creo que a modo de despedida. Caliente como estaba me voy para la calle Venezuela al 1300.

La casa Netto importadora de las Hagmstron. Era un local muy chiquito. Desde la calle se contemplaba el interior.En el pequeño salón varias guitarras paradas, un par de equipos chicos de guitarra, y una batería completa armada. Al fondo una vitrina con más guitarras y delante de la vitrina un pequeño mostrador.

Entro, saludo, me acerco al mostrador y al flaco que atendía le digo: ¿me podes mostrar esa viola? Señalando la vitrina. Me pregunta: ¿Cuál de las dos? Respondo, las dos!

Me acerca la de media caja tipo Gibson 335 color rojo, con la diferencia del clavijero que a diferencia de la Gibson, esta lo tenía en línea. Igual estaba ¡buenísima! y me acerca la otra, la que me gustaba a mí, tipo Gibson SG. Cuerpo sólido, 3 micrófonos, una botonera de selección de micrófonos + brillo y mute. Le digo: ¡Esta me gusta más! Me dice: ¿La querés probar?…Me transpiraban las manos de la emoción. ¿Puedo? le digo. Ahí mismo saca un cable del mostrador se acerca a uno de los equipos del salón, lo prende, la enchufa y me la ofrece, tómala que te acerco un banquito.

Les confieso que estuve un buen rato disfrutándola. No me molesto en ningún momento, y eso que en ese tiempo entraron otros clientes a ver guitarras. No tardé nada en decidirme. Esa era la que quería. Me levanté, luego de apagar el equipo y desenchufarla, puse la guitarra en el mostrador y le digo Me la llevo! Trajo el estuche, la metió adentro y lo cierra. Me hace la factura. Pago Le doy las gracias por todo y me retiro.

No cabía en mí, me sentía eufórico. Reflexioné un instante sobre la diferencia de trato de un lugar a otro. Que buena onda éste pibe con respecto al agrio de aquel otro vendedor, con la salvedad que seguro este pibe era empleado y el otro era el dueño.

Que bronca me agarré con ése tipo. Pensé en una venganza.

Una chiquilinada sopesé después. Dirigí mis pasos hasta la calle Talcahuano. ¿Se imaginan donde?

Entro al local cuidando mis movimientos y destacando en todo momento que se me vea con el estuche entrando.

Me paro en el mostrador grande de vidrio donde estaba el dueño atendiendo a una persona, con el estuche parado frente mío, y me pongo a mirar en la vitrina los artículos que estaban expuestos ahí. Cuando veo que se desocupa, levanto un poco la mano llamándolo, al acercarse yo sin mirarlo le pido: ¿me das esa púa?  ¿Cuál? Pregunta. Le digo esa, la fender médium. Mete la mano en la vitrina, saca la púa y me dice: ¿algo más? Respondo no gracias. Yo tenía abrazado el estuche exageradamente con el ademán de sacar plata del bolsillo del pantalón.

Le pago y saludo de manera estentórea, dando unos golpecitos en el estuche por si alguno no se había percatado del mismo. Había dos chicos más detrás de los mostradores del costado, en ese momento no quedaba nadie en el local.

Salí sintiéndome  orgulloso de mi hazaña, satisfecho con lo sucedido. Después,  reflexionando más tranquilo pensé en el pecado de soberbia cometido.

No sé que le quise demostrar. ¿No me vio como un posible comprador? Seguramente no le hubiese hecho diferencia en su economía si le compraba o no esa guitarra. ¿Fue mi orgullo mancillado? ¡Basura! ¿Y si tuvo un mal día? ¡Muchos clientes molestos pudieron ponerlo de mal tono y realmente hay gente pesada! Pudo tener algún problema familiar, algún enfermo. Y yo quién corno era como para que me dispensara trato especial. Me llevó algo de tiempo perdonarme por mi actitud.

Terminé siendo cliente y teniendo un muy buen trato con esa persona cuando llegué a conocerla. No era mal tipo. A lo largo de los años creo que ese hecho me hizo rever mi actitud con otras situaciones. Por ejemplo, la de no prejuzgar, no reaccionar con enojo, y sobre todo tener en cuenta al otro, aceptar sus motivos aunque no nos gusten. Adecuarse y obrar en consecuencia acorde a nuestro deseo sin molestar a nadie. Todavía conservo esa púa y no puedo dejar de revivir con tanto detalle y emoción esa historia ocurrida a mis 20 años.

Viene bien pensar  sobre nuestras actitudes en cada ocasión que se presenta. Así es la vida. Creo que ésta es un buena conclusión. ¿No les parece?…

Como siempre,

les dejo la inquietud.

Buenas tardes.

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