Una salida con el tío Hume

El otro día salí con el tío Hume y en la calle abrí dos veces. La primera eran dos chicas que respondieron poco receptivamente (era muy lindas) y  la segunda un grupo de chicas algo veteranas que respondieron más positivamente (dado su edad obviamente). He descubierto que las pendejas hoy en día están mucho más acostumbradas al kino (a que las toquen) que  mujeres las mujeres de 25 para arriba (las cuales responden a otro paradigma cultural).

Adicionalmente una mujer de 25 si está soltera suele tener una actitud más sínica y pesimista hacia lo que es el cortejo en sí ya que la vida la ha decepcionado bastante. Desde luego que quiere ser cortejada pero su actitud es desconfiada y depresiva. En cambio la pendeja (menos de 23 años) es más de desafiar pero lo toma como un juego, no como algo serio. Las pendjeas solo quieren divertirse, experimentar. Por eso la profesión que más garcha es el dealer de cocaína y pepa (extasis). ¿Por qué? Porque provee la diversión.

En fin nos pusimos en la cola de un bar y visualicé una chica que me gustaba. Estaba adelante de todo de la cola con dos amigas. Me les acerqué y les dije: “chicas me parecen las tres muy lindas pero vos me encantas. Me gustaría conocerte. Mi nombre es…” Hablé unos segundos y le dije que una vez adentro iría a buscarla. Eso fue una excelente movida. Efectivamente, cuanto entré a penas la vi fui a hablarle y les presenté a Hume. A penas me puse a hablar con ella empezaron las provocaciones y la actitud sínica (típico de una mina de más de 25). Habría que armar cursos de desarrollo personal para mujeres de más de 25, el grado de pesimismo y cinismo es más que sorprendente. En fin, no me acuerdo como abrí pero empezó a preguntarme si siempre hacia los mismo y si me había aprendido las frases que le estaba diciendo. Le contesté que sí, que de hecho, me las había aprendido a último momento y que eso mismo hacía en el secundario: en lugar de estudiar para el examen, me aprendía todo a último momento. Le dije que yo era sí, que era directo. Que cuando me gustaba una mujer iba y le hablaba. Igualmente si veía que no era interesante me iba. Le dije: “te voy a hacer una pregunta, y si la respuesta es “no sé” me voy”. Le pregunté cuál era su pasión. Y me dijo que la literatura y la docencia. Luego le hice una pregunta de confort: cuál era el libro que la había movido más. Me dijo que era “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Gracias a mis conocimientos de cultura general le pude comentar cosas del libro. Ella me decía que lo leyó luego de estar en una relación con un mujeriego (como era el personaje del libro). Ahí entendí porque era tan sínica. Después le comenté que mi libro preferido era “El amor en tiempos del colera” y comenzamos a hablar de las adaptaciones al cine. Intenté usar el Kino lo más que pude. En un momento de la interacción le pedí el teléfono y ella se resistió. Finalmente accedió pero luego la intenté besar y finalmente se negó. La amiga tampoco ayudaba ya que decía que se habían juntado para hablar con ella. Sí, claro elegís un bar después de la media noche como lugar para hablar con tu amiga.

En fin en un momento de la interacción me di cuenta que no me gustaba tanto para seguir esforzándome para llegar al final y me retiré. Generalmente una mujer por arriba de los 25 ya tiene cierto nivel de cultura y cuando me encaro una de ellas suele tomarme por un chamuyero no muy inteligente. Por eso siempre las termino sorprendiendo. En el caso de las pendejas la dinámica es otra. Tienes que rebajar tu inteligencia y solamente hacerlas reír y, en algunos casos conseguirles alguna sustancia (que es lo que quieren). ¿Queres garcharte pendejas? Hacete Dealer.

En un esquina lo vi al tío Hume haciendo reír a un par de minitas. Sin importar la edad el siempre va para adelante y se caga de la risa. Eso me hizo recordar una cita de un escritor sobre Hume:

“Muchos filósofos fueron hombres separados del mundo, solitarios, ensimismados, distanciados de todo lo que les apasiona a la gente común. Es el caso de Spinoza, de Descartes o, en menor medida, de Kant. Otros fueron seres torturados que vivieron enamorados del dolor. Es el caso de Schopenhauer, de Kierkegaard o de Nietzsche. Pero también ha habido filósofos que fueron al mismo tiempo hombres positivos y alegres, que supieron disfrutar de los afectos y se sintieron en razonable armonía con el mundo. Hombres que, además de tener un intelecto privilegiado, fueron capaces de jugar y de reír. Y entre ellos ninguno como David Hume, en escocés cordial y extrovertido, buen comedor y bebedor, solterón eternamente codiciado, que entre fiesta y fiesta se hizo tiempo para revolucionar la filosofía occidental.”

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