Hablando de Música (2da. Parte)

Muchas personas dicen no tener oído musical. 

Sostienen esto sin haber hecho ninguna comprobación fehaciente. Tal vez intentaron cantar y les pidieron que se callen y por eso nunca más lo intentaron. Puede ser que no tengan oído para la música.

Acá puedo afirmar que he conocido a algunas de ellas, sin embargo, con algunas indicaciones básicas y un poco de atención de su parte, han logrado por lo menos darse cuenta que podían modular la voz cuando anteriormente solo les salía un tono monocorde y desafinado. Todos tenemos habilidades diferentes. 

Las inclinadas a la pintura, a las matemáticas, a las artes manuales que son muchas las formas de manifestarse.

En el caso del canto y también del baile sucede con frecuencia ésta afirmación. Puede que hayan tenido malas experiencias y teman quedar en ridículo exponiéndose ante algún público demasiado exigente.

Creo que la exigencia parte de nuestra propia afirmación, dando por sentado que no sabemos.

No hay que compararse con nadie ya sea en el canto, el baile, o cualquier disciplina artística, seguramente saldremos perdiendo.

Más que nada si nuestro objetivo no es convertirnos en profesionales. En este punto soy lapidario. Si no empezaste a los 5 años de edad, no se llega a la excelencia, al nivel más elevado de la interpretación.

La dedicación en ese caso debe ser total y absoluta.Hay que renunciar a muchas cosas para lograr ese cometido.

No obstante, si sentimos placer al cantar o bailar, no impidamos darnos ese gusto,  háganlo.

Uno de los ejercicios para mí más satisfactorios que tenemos al alcance de la mano para empezar con esto de la música que entendiendo un poco como es, permite avanzar en el canto o el baile, o sea, comprender  que es el ritmo.

Entendiendo el ritmo podemos incorporar una herramienta fundamental:  La Percusión.

Que no es otra cosa que hacer ritmo con infinidad de chirimbolos que hay a nuestro alcance, desde una caja de fósforos, dos maderitas, cualquier cosa que nos agrade el sonido que produzca. Para que esto pueda llevarse a cabo debo insistir en los ejercicios mencionados en la 1er. Parte  de éste informe.

No obstante, les dejo otro nuevo ejercicio para complementar los anteriores.

Consiste en sentarse en una silla frente a una mesa con las palmas hacia abajo apoyadas en el borde de la mesa.  La distancia entre ellas como el ancho de hombros y los brazos sueltos cómodos al costado del cuerpo en un ángulo de 90° aprox.

A partir de allí, deslicen las palmas hacia fuera de la mesa hasta dejar apoyados solo los cuatro dedos de cada mano.

Si ya se acomodaron empezamos.

Golpe con mano derecha sobre la mesa.

Golpe con mano izquierda sobre la mesa.

Golpe con mano derecha en el pecho lado derecho.

Golpe con mano izquierda en el pecho lado izquierdo.

En éste punto están con las dos manos sobre el pecho.

Y vuelta a empezar. Háganlo despacio al comienzo hasta lograr una rueda sin fin y sentir que logran algo rítmico.

Esta secuencia rítmica es un compás de 4 tiempos.

Más adelante hablaremos de compases.

La idea de usar el cuerpo como percusión es que van a notar un cambio en el sonido.

La mesa suena más aguda y el pecho suena más grave. Importantísimo en cualquier acompañamiento musical.

La percusión también tiene sonidos, de hecho los tambores y las baterías se afinan.

Con algunas variantes este es el principio de la mayoría de los ritmos que escuchamos con frecuencia en todo tipo de música.

Les dejo la inquietud.

Buenas tardes.

Alberto Juan

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