El mejor consejo

Durante el período de mi vida en el que más escribí para blogs como creador de contenido descubrí una curiosa verdad: si uno aporta contenido y sabe escribir, lo más probable es que al poco tiempo te conviertas en un autoridad. Si uno escribe de nutrición al poco tiempo es un experto nutricionista, aunque nunca hayas estudiado medicina. Si uno escribe de programación, se convierte en un experto en programación. Por supuesto, a los ojos de los lectores, no de los verdaderos expertos. Esa es la clave hoy en día del marketing digital: obtener la autoridad a través del contenido.

El contenido, en lo que mí me consta, tiene dos elementos: la utilidad y entretenimiento. Es decir, por un lado, debe ser útil para el usuario y, por el otro, debe ser divertirlo. Si tiene ambos y alguien escribe en forma regular sobre un tema determinado, esa persona termina convirtiéndose en una autoridad en el tema en cuestión cuando, en realidad, su único mérito es, sencillamente, transmitir información valiosa de forma amena. En realidad, hoy en día, en la era de analfabetismo funcional, este es un mérito y una habilidad cada vez más escasa y requerida. Esto último es llanamente triste y marca una generalizada decadencia cultural y, sobre todo, evidencia el aumento de la desigualdad de ingresos y oportunidades.

Sin ahondar demasiado en la degradación social  (muy visible en las redes sociales) quisiera compartir una valiosa reflexión sobre cierto contenido que me he dedicado escribir. Uno que, por cierto, está muy de moda: el estereotipado e insoportable desarrollo personal.

Sí, hoy en día, todos queremos ser “La mejor versión de nosotros mismos”, aunque no sepamos qué carajo esto signifique. Vivimos invadidos por anuncios de seminarios dictados por los “gurúes” que con sus fotos (donde aparecen dictando seminarios, seduciendo hermosas mujeres y mostrando sus bíceps hiper desarrollados) nos tientan con sus frases marketineras: “¿Quieres ser el líder de la manada?” o cosas así de trilladas.

Naturalmente, cuando empecé a publicar artículos sobre el tema, empecé a llamar la atención de la plebe y, al rato, empezaron a contactarme de forma frenética para pedirme consejos sobre todo: relaciones, trabajo, sexo. Lo que se les ocurra. En general les aclaraba que yo no me consideraba un experto sino un escritor y luego de eso le regalaba algún consejo cargado de sentido común (tan escaso hoy en día). En general les servía. De hecho mucho de los artículos que escribía eran eso: compendios de sentido común.

Veamos un ejemplo. Una muchacho de veinte años muy presionado por los mandatos sociales de hoy en día me preguntó cómo podía conocer chicas muy lindas. Yo le respondí con sentido común: le dije que normalmente la chicas pertenecientes a clases sociales privilegiadas son más atractivas que el promedio. Por lo tanto, debía ir a las charlas gratuitas de universidades de elite con el fin de conocer chicas de esos ambientes. De paso, sería una buena oportunidad para hacer contactos profesionales.

Él me respondió que como no tenía mucha plata temía que esas chicas no se interesasen en él. Yo respondí que las chicas pertenecientes a esas castas les importa muy poco la plata porque ellas ya la tienen (sentido común). De hecho, casarte con una de ellas es una forma muy simple de concretar el cada vez más escaso ascenso social. Un amigo hizo eso: era instructor de tenis en un club exclusivo y comenzó a salir con una niña rica. Al cabo de un año se fueron a vivir juntos y… Adivinen donde consiguió trabajo…Sí, en la empresa del suegro. Si la nena lo quiere entonces lo integran a la familia. Algunos clanes son más elitistas que otros pero en la mayoría de los casos, si no eres un desastre, te integran.

¿Lo ven? No hay que estudiar coaching o desarrollo personal para dar buenos y pragmáticos consejos. De todas formas este último punto me lleva a hablar de un tema interesante: la imagen de la autoridad.

De un coach de un desarrollo personal se espera que sea un tipo exitoso, lleno de plata y rodeado de mujeres hermosas. Ese es su mejor marketing y lo entiendo. La gente compra imágenes y cuentos. Ahora bien, ¿Qué pienso yo de esto? En lo personal pienso que es una estupidez. Hay gente que da excelente consejos y que ayuda a los demás mejor que nadie y su vida no es perfecta, de hecho, en algunas casos un desastre. El punto no es el otro sino uno: la pregunta del millón es ¿Te sirve lo que el otro de aporta? En mi opinión todo sirve. Algo le podes sacar a cada seminario, artículo, consejos, etc…

¿Y qué tal si el que te da el consejo no lo sigue? No pasa nada, si es un buen consejo peor para él. De los coach de desarrollo personal se espera que sigan sus consejos. Se espera que sean relajados y contemplativos. Para mí que sean como sean, si a mí me sirven sus consejos eso ya suficiente. Pero la gente quiere el marketing…Bueno si fuera uno esos gurúes procuraría dar esa imagen por una cuestión pragmática: hay que vender.

Por fortuna, no me dedico a eso y puedo hacer lo que se me canta. Si público un artículo en una red social y alguien escribe un comentario digno de un cromañón analfabeto como “muy largo papu, haz un resumen”, me veo tentado a destacar su analfabetismo. En la mayoría de los casos ignoro a estos subnormales pero a veces simplemente no puedo evitarlo. Cuando lo hago normalmente me dicen cosas como “eres reactivo, tú, coach de desarrollo personal, que vergüenza”.

No pendejo idiota, escribo lo que se me canta porque me apasiona escribir. Esa es mi pasión y la hago todos los días. La hago para mí y si algo de lo que escribo ayuda a alguien en el mar de la idiotez virtual, genial, aunque sea a uno entre un millón. Por eso escribí un texto sobre el tema titulado: “Para que escribo” el cual cito a continuación:

“Si bien escribo para mí, también escribo para otros porque, insisto, si puedo, aunque sea, cambiar la vida de una de las personas que me lee, incluso sin enterarme, entonces mi vida tiene propósito. Posiblemente la mayoría será indiferente, burlones o incluso agresivos pero si, por lo menos, existe en aquel mar de resentimiento alguien que pueda percibir la verdadera naturaleza de lo que escribo, entonces este efecto secundario de una actividad de catarsis personal dará significado a todo.”

Ahora bien no me exijas que te dedique más tiempo del que tengo disponible. Sí querés más tiempo págame porque el mío es valioso. “Pero si no sos coach de desarrollo personal, ¿porque debo pagarte?”. No sé, tú eres el que viene a contarme un problema esperando que yo te dé una solución. La pregunta es ¿Te sirve la ayuda que te brindo aunque me dedique a algo tan trillado como la economía y la escritura? Si la respuesta en sí, ¿Cuál es el tema? Los mejores consejos que he recibido han venido de un panadero que conocí hace un tiempo atrás y de un taxista. Y si tengo que usar su tiempo y ellos me exigen remuneración con gusto les pago. Es lo justo ¿No?