El manipulador y la víctima

Hay dos tipos de personas que me producen un verdadero rechazo visceral: aquellas que se victimizan y aquellas que manipulan para lograr sus fines. Es verdad que todos los seres humanos nos victimizamos en ciertas situaciones y manipulamos en otras sin embargo estas características no son rasgos que definen la personalidad de la mayoría. Estas conductas tan solo forman parte de un peligroso repertorio de hábitos tóxicos que, de no cambiarlos, afectarán nuestra calidad de vida y nuestra relación con los demás. Por eso, si no hemos llegado al extremo patológico de ser una de las dos, debemos reflexionar sobre nuestras conductas para evitar llegar a esas instancias donde dichos hábitos nos terminan por definir completamente.

La víctima

Las primeras personas mencionadas, “las víctimas”, aluden a una situación en la cual el mundo conspira contra ellos. Las otras personas LES hacen cosas. LOS hacen enojar. LOS deprimen. LOS humillan. LES producen daño. Ellas no asumen responsabilidad en lo que les pasa y sus vidas transcurren en la pasividad.  Su destino ha sido sellado y nada de lo que hagan podrá cambiar dicha fatalidad. Buscarán cualquier excusa para ofenderse y la descripción de su pasado será una historia trágica. El presente es consecuencia de lo que les aconteció y una excusa más para poder justificar su desgracia inmutable. Buscarán cualquier forma y harán lo que sea necesario para que los otros sientan lastima por ellos. Particularmente no les tengo paciencia. A veces siento que chupan la energía vital de las otras personas como vampiros emocionales. Necesitan de la compasión de los demás para sentirse importantes. Sus frágiles autoestimas dependen de ello. Pueden que no sean malas personas no obstante son seres tóxicos y conviene mantenerlos lejos.

El manipulador

El manipulador es una figura despreciable. Busca satisfacer sus necesidades de corto plazo a costa de explotar las debilidades en el carácter de los otros. Conoce las falencias humanas a la perfección y no vacilará en explotarlas cuando tenga la oportunidad. Siempre encontrará como justificar sus acciones y, cuando sea acusado de manipulador, recurrirá a ingeniosas estrategias de retórica para confundir a las personas y hacerlos dudar de sí mismos. Sabe, precisamente, que la mayoría de los seres humanos carecen de un carácter fuerte y que, de repetir algo con suficiente seguridad, a la larga la mayoría cederá o, al menos, dudará se su propia convicción. Podrá repetir con toda la seguridad del mundo “esto que sostengo en mi mano es una tijera”, cuando en realidad solo sostienen una lapicera. Y la mayoría, al menos, durará. El manipulador es inseguro en el fondo. Sin embargo la gente lo describe como seguro de sí mismo. No es necesariamente un sociópata. Muchas veces se trata de una persona que llevó el tóxico hábito de la manipulación al extremo para poder sobrevivir. Y, ahora, es el único modo de vivir que conoce, el cual no lo quiere cambiar ¿Para qué hacerlo? Le resulta tan fácil obtener lo que quiere de los demás y, buscar otras alternativas, sería demasiado difícil y le llevaría demasiado tiempo. Ya está cómodo con su forma de ser. Sumergido en un caliente baño de inmersión del que no quiere salir. En el fondo es un ser miserable que, si bien en el corto plazo, logra parecer verdaderamente genuino, a la larga, revela su verdadera naturaleza. Está condenado a buscar contentamente nuevas relaciones y nuevos lugares en donde moverse ya que tarde o temprano su mayor fortaleza es la causa de su derrumbe. Es la razón por la cual las personas lo terminan por rechazar y se alejan de él. Su única esperanza es seguir moviéndose, buscando blancos fáciles que sean proclives de ser engañados. Normalmente personas de baja autoestima que buscan confort en sus dulces y cálidas palabras. Es un verdadero seductor. Ha dominado el arte de la adulación a la perfección hasta hacerla parecer genuina. Puede que no sea una mala persona pero es un ser tóxico y conviene mantenerlo lejos.

El manipulador y la víctima: más cerca de lo que creen

El manipulador y la víctima tienen en común más de lo que a ellos les gustaría admitir. El manipulador muchas veces se victimiza, acusando a los demás de agredirlo, traicionarlo o avergonzarlo. Él es una víctima del vil comportamiento de los demás y usará la culpa como su arma predilecta. Sabe que ésta es un instrumento para el que muy pocas personas han desarrollado una armadura lo suficientemente resistente.

Usará frases como: “La verdad que me siento herido por lo que hiciste”, “Me das muchas lastima”,“Hice tanto por vos, ¿Y así me lo agradeces?” “¿Así se supone que tratas a tus amigos?”. Cualquier instrumento es válido para quebrar las voluntades. Cuanto más frágil sea el carácter y la autoestima de sus interlocutores, más simples serán sus técnicas y estrategias. Te acusará de haberlo traicionado y haberle hecho cosas terribles, aunque no hayas hecho nada. Pero lo dirá con tanta convicción que dudarás de todo. Incluso te preguntarás si realmente eres una buena persona o un ser malicioso. Hasta podría acusarte de hacer lo que él hace: manipular y victimizarse.

La victima también se asemeja al manipulador. Ella también manipula para obtener lo que quiere: usa la lastima de los demás. Uno creería que la víctima es un ser depresivo con baja autoestima, indefenso e innocuo. Alguien que jamás podría hacernos daño. Para nada es así. Las personas que se victimizan suelen ser muy agresivas y muy manipuladoras. Como creen que son los demás los que LES hacen algo, reaccionarán con agresiones y violencia ante las acciones de otros. Desde su perspectiva, su acción estará justificada porque están convencidos de que tienen la razón. Y usarán los mismos artilugios que el manipulador utilizando frases estereotipadas: “Al final era verdad lo que me habían dicho de tí”, “¿Así tratas a tus amigos/colegas/alumnos? Que buen amigo/ profesor/ colega/ terapeuta debes ser”, “Solo querías mi dinero, todo para tí es un negocio, te alimentas de las debilidades de las personas, debería darte vergüenza”.

Ambos son seres peligrosamente cercanos a nuestra vida cotidiana. Debemos saber reconocerlos y estar atentos a sus artimañas ya que, de lo contrario, seremos blanco fácil para sus tretas y hábitos tóxicos. Ambos son inseguros y en el fondo pueden tener una autoestima dañada. Pero esto no hace que no puedan lastimarnos. Pueden ser muy peligrosos y conviene mantenerse alejados de ellos. Tal vez el ostracismo social sea el llamado de atención que necesiten para ser conscientes de lo destructivo que son sus hábitos, para que se decidan finalmente a buscar ayuda y cambiar su forma de ser.

Advierto que cuando hablo de víctimas en este texto, me refiero a aquellas personas que se victimizan. No estoy hablando de personas que realmente han sido víctimas de un evento externo, como un accidente o una agresión real. Muchas personas que han estado en estas circunstancias, de hecho, deciden no victimizarse y hacerle frente a la adversidad resinificando sus experiencias. Hago esta aclaración porque me ha pasado que, al publicar estos textos, algunas personas buscan malinterpretarlo adrede para poder ofenderse y sentirse víctimas de un malvado escritor. Escriben comentarios agresivos y argumentan a partir de una lectura superficial del texto su punto de vista sin realmente haberlo comprendido. Por supuesto nunca les respondo. La mejor forma de hacer frente al juego de la víctima y el manipulador es ignorarlos y mantenerlos lejos. No jugar su juego que tanto daño hace a los demás y a ellos mismos.