El camino del aprendizaje

Hoy fue un día extraño. Me propuse trabajar en el proyecto en el que estoy inmerso con un amigo y maestro de quien tanto estoy aprendiendo. Lo que empezó como una jornada de trabajo terminó como una epifanía acerca a de mis hábitos. Durante muchos años de mi vida he utilizado la improvisación para evitar ordenarme. El conocimiento que he acumulado me han hecho un gran improvisador pero esta sola es aplicable en los dominios en los que uno ya es un experto. Y lo cierto es que, en muchos de los dominios en donde desde hace tiempo la aplico, disto de serlo. Supongo que es una cuestión de comodidad. Es más fácil improvisar un discurso que escribirlo. Pero la estructura es necesaria en el camino del aprendizaje como las pequeñas ruedas traseras de una bicicleta cuando estamos aprendiendo a andar en ella. Luego de un tiempo podemos andar sin ellas pero, en un comienzo, son las que nos marcan el ritmo del movimiento.

Es bueno seguir aprendiendo y descubrir día a día que tan poco sé. Podría pensar que la jornada fue improductiva pero ¿Realmente lo fue? He aprendido el valor de la estructura, la necesidad del orden dentro del caos de la creatividad. Ésta última es una de las grandes energías creadoras de nuestra mente y, sin embargo, sin el foco que la contenga es tan solo un haz de luz que disipa, un río sin control cuyas fuerzas se desperdician en un torbellino de descontrol. Un canal es aquella estructura que encausa su poder para darle un propósito y maximizar su potencial.

En el camino del aprendizaje necesitamos una guía y una estructura, un maestro y un paso a paso. La estructura interna va apareciendo con el tiempo, si somos pacientes y constantes. Cada uno a su tiempo, recorriendo su camino, descubriendo sus verdades.

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