Detrás del cerro

“El miedo siempre está presente, pero aceptarlo te hace más fuerte.”- 300

Hay veces que no tiene que pasarte algo excepcional para cambiarte o sacarte algún miedo.  Como hable en el anterior cuento, el miedo es algo complicado que cuando te descuidas no haces nada y el tiempo pasa, no pudiendo hacer lo que querías hacer en ese momento. Aunque hay veces que hay segundas oportunidades, como cuando escale el cerro del toro.

Los primeros días de diciembre del año pasado me fui de campamento con el grupo de Animación, fue un muy buen campamento que si lo cuento todo en esta  historia seria el doble de larga. Por eso ese campamento lo contare en otra historia,   este cuento será  uno de los momentos que fue muy importante para mí. Diría que fue uno de las mejores experiencias del año pasado.

En ese campamento salde dos cuentas pendientes que tenia desde sexto de escuela, como eran dormir en carpa y escalar un cerro. No pudimos hacer lo primero en ese campamento ya que ambas noches llovieron y como es obvio no pudimos dormir en las carpas que armamos. Ni tampoco escalar el cerro, aunque en verdad eran las Sierras de las Ánimas. Recuerdo que caminamos todo el camino previo pero a último momento las maestras decidieron dar vuelta, yo me sentí tan enojado porque yo quería subir esa sierra, porque simplemente me había motivado y admito que un poco tuvo que ver también Helen Velando con “Fantasmas en la Sierra de las Animas” (una novela infantil) .

Entonces varios años después llego este campamento en Piriapolis,  después de dormir la noche en  carpa, ya vi como mi primer cuenta pendiente ya estaba saldada. Pero ahora faltaba la más dura de hacer. Después de estar todos listos empezamos a caminar del campamento al cerro. En la caminata aproveche para mirar Piriapolis, ver a la gente fuera de sus casas, desde la gente el diario hasta  un padre e hijo jugando  a la pelota. Se respiraba un aire de tranquilidad que entendía porque había gente  viviendo ahí.

Poco a poco fui enlenteciendo mis pasos, uno por uno mis compañeros me pasaban pero  sin ser una carrera ni nada por el  estilo. Yo solo estaba guardando mis energías para el cerro, por eso al disminuir mi velocidad fue como quede de último en la fila. Por más que los veía recuerdo que llegue a estar a una cuadra de distancia, veía todo desde las casas inventándome como juego quienes vivían en esa casa y una historia de su vida, me salía de las historias más normales hasta las más disparatadas.

Cuando llegamos a un había una distancia considerable entre yo y mis compañeros, al pasar la entrada supe que no había marcha atrás. El  camino previo que era una calle en subida  y en zigzag,  al principio me parecía desafiante  pero después me empezó a pesar. Mis piernas empezaron a caminar por la simple inercia de querer seguir adelante, pero también llegue hasta el punto de arrepentirme de subir este cerro que aun ni siquiera habíamos empezado. El calor sentía como para mi aumentaba y cada paso  de la calle quería que terminara.  Al llegar a la mitad que había un toro que echaba agua, tome un poco de agua pero no podía más. Había decidido no seguir más, quedarme sentado y que los demás subieran.  Lo lamento, esa cuenta pendiente quedara para otra parte de mi vida.

  • Falta la otra mitad, el que quiera quedarse que se quede – dijo Seba, el profe.

En ese momento me levante y lo mire a los ojos. Ya esta, le iba decir que yo me quedaba y que los demás subieran tranquilos.

  • Yo vine a escalar el cerro, y hasta que eso no pase no me voy – dije y sin mirar a nadie empecé a subir las escaleras

Lo se, ni yo tampoco por momentos me entiendo  y es que paso a paso subiendo las escaleras me preguntaba que había hecho pero les puedo jurar que todo al ver lo que había que hacer que era todo un camino de piedras para escalar. En mi cara se dibujo una sonrisa, como si fuera un niño que había descubierto un nuevo juego. Me tenía tan hipnotizado ese camino que no me importaba nada más. Con mis manos y con mis pies empecé  a escalar, cada paso era un juego y hasta me divertía pensar lo que tenía que hacer, en donde colocar al mano o donde iría el pie. Sabía que todos me iban a pasar pero la carrera  solo tenía un competidor ese era yo. Cada paso lo  tomaba como ese juego, y poco a poco es como llegue a la cima. Muchas veces me ofrecieron descansar o ayudarme como  grandes personas que son pero lo  rechazaba, en gran parte porque soy un orgulloso que  quería hacerlo solo, y  como todos.

Porque no quería que por mi nadie parara, sabía que iba a llegar a mi tiempo pero llegaba  aunque fuera lo último que hiciera. Es como en el liceo en música iban a cambiar el programa de flauta por otro instrumento pero yo dije que ni pensarlo porque quería hacer lo mismo que todos. Soy así, orgulloso, no me digas que no  voy a poder hacer algo porque voy hacer lo imposible por hacerlo. Escalar este cerro era simplemente una de esas cosas que debía hacer, al menos así lo sentía.

Una vez llegado a la cima, vi la belleza que es verlo todo de arriba. Después de hacer un mannequin challenge  que en ese momento estaba de moda, era el momento de bajar. Y tengo que admitir que ese fue el peor momento del día, si como están leyendo el peor. Se lo que algunos pensaran, ¿Me estás diciendo que después de subir ahora tenes miedo? La verdad  que si,  en el momento de bajar  vi hacia abajo, porque vi lo alto que estaba y me paralice por unos segundos. No quería bajar, quería quedarme quieto.  Mi corazón empezó a  palpitar rápido, y hasta sentí una lagrima caer por mi rostro.  En ese momento me di cuenta que la única manera de dejar este miedo era dar un paso adelante. Así que lo hice a paso más que lento, si para subir era lento para bajar fui el doble pero una vez que uno vence el miedo de que esté teniendo te da como una adrenalina que te hace llevarte por el mundo  por delante. Admito que ya no fui tan orgulloso y acepte una mínima ayuda de un compañero que él estaba cerca para asegurarse que no pasara nada.   Una vez  que baje al tomar agua, ya me había olvidado de cómo estaba en la cima.

Mientras bajábamos la calle ahora en bajada me puse a pensar que tuve miedo a cosas mucho menores que esta, y me reía, no podía creer de cosas que eran hasta menos peligrosas y no hice por un miedo estúpido. Desde ese momento me prometí que desde ese momento que tuviera miedo de algo como decir algo que pienso o cualquier cosa menor, me diría “déjate de joder, si escalaste un cerro, no más excusas”.

Es que todos tenemos ese gran miedo a algo pero puedo asegurar que todos hicimos algo mucho más  temible de lo que realmente tenemos miedo. Mientras volvíamos al  campamento, mis ojos buscaron por un momento al cerro Pan de Azúcar y por más que no lo encontré,  solamente quería  decirle que si algún día de mi vida volvía a Piriapolis, lo escalaría.   Porque si todos escalamos nuestros “cerros”, yo creo que seriamos un poco más valiente y no nos dejaríamos controlar por el miedo.