De por qué los modelos en economía son fábulas o Wittgenstein deconstruye a los neoclásicos

Los neoclásicos Walras, Jevons, Cournot, entre otros, celebraron la introducción de las matemáticas a los problemas económicos. Haciendo esto se sumaban a la tradición que George von Wright denominó galileana. El proyecto de la ciencia económica era construir modelos semejantes a la Mecánica Clásica de Partículas, MCP, de Newton, en el campo de la física. Medir y cuantificar el comportamiento de los mercados.

Haciendo esto eliminaban la tradición y la historia e implantaban las verdades eternas entre nosotros. Producción, precios y cantidades se crean eternamente en la reiteración perpetua de los modelos deductivos. Hemos dicho que la vanguardia del movimiento neoclásico se inspira en la filosofía de René Descartes.

Pero tras una breve decadencia del cartesianismo, recordemos, Rousseau recupera el proyecto cartesiano inspirado en el tema de la educación:

“Que él |Emilio| no sepa nada porque vos le habéis dicho, sino porque él ha comprendido por sí mismo; que no aprenda la ciencia, sino que la invente. Si alguna vez substituís en su espíritu la autoridad a la razón, no razonará más; solo será el juguete de la opinión de los demás”.

La vía negativa de Rousseau busca desarrollar facultades del alumno y ponerlas al abrigo de las opiniones engañosas y alejarlas del contacto nefasto que tienen los prejuicios de origen social. Explicable allí donde preparamos un alumno que pasa del estado natural a una sociedad de individuos organizados.

En la formación educativa que imparten facultades de economía de inspiración neoclásica, se conservan estos ideales: trasladar las acciones, las emociones, la historia, las tradiciones y las intuiciones al olvido. El alumno debe ser preparado para abstraer la realidad, ceteris paribus.

No obstante, el tiempo neoclásico no es eterno en la historia del pensamiento económico. Y surgieron nuevos enfoques de los mercados, los individuos, las sociedades, la historia y la tradición.

La teoría económica, indirectamente, heredó la influencia de los trabajos de Wittgenstein y Kuhn. Con sus obras las discusiones metodológicas fueron abriendo un nuevo panorama. Dice el primero:

“Si intentaras dudar de todo no lograrías dudar de nada. El juicio de la duda no presupone la certeza”. “Si usted no está seguro de hecho alguno, tampoco puede estarlo respecto del significado de sus palabras”; pero acaso “no estoy más seguro del significado de mis palabras que de ciertos juicios. ¿Puedo dudar de que este color se llama ‘azul’?”.

Y agrega:

“Conducta de duda y no duda. Existe la primera sólo si existe la segunda. Una duda sin término no es ni siquiera una duda. Una duda que duda de todo no es una duda”.

Estas anotaciones pueden estimular entre los jóvenes economistas cuestionamientos al proyecto de su formación. La pedagogía, los métodos de enseñanza, las TIC, propuestas de reformas y cambios a los contenidos curriculares. Wittgenstein apunta a deconstruir los falsos supuestos del constructivismo. Pero también a poner en entredicho el ideal cartesiano en los modelos neoclásicos.

Dice Wittgenstein: “¿Dudar para eliminar los prejuicios de la infancia? No, pues el niño aprende creyendo en el adulto. La duda sobreviene después de la creencia. El niño de escuela cree en sus maestros y en sus libros”, y “mi vida consiste en contentarme con aceptar muchas cosas”, por lo mismo, “el hombre razonable no tiene ciertas dudas”.

Todo lo anterior supone que el aprendizaje en economía (y en la vida) es una “praxis social”. El conocimiento del lenguaje que no surge de la razón, enseña lo que se presupone y lo que no se presupone, es decir, lo que no está sujeto a debate.

En la economía, aprender la teoría, la estadística o la historia requiere algo semejante a aprender las prácticas de un lenguaje. Ariel Rubinstein, economista israelí, enseña que los modelos y la explicación en la teoría de juegos tiene una función análoga a narrar fábulas.

Los modelos de la economía neoclásica son eso, fábulas. Y algo más.