CRÍA CUERVOS Y TE SACARAN LOS OJOS

Ha sido un viaje largo y tenue el que hemos recorrido hasta llegar aquí, el avión de los recuerdos tuvo turbulencia en el trayecto, pero, luego de idas y venidas y de mil tropiezos, hemos llegado. Ahora estamos en el presente de la era moderna, a solo unos cuantos pasos de concluir la más bella hazaña del ser humano, “la escritura”.

Un día, hace miles de años, un ingenioso hombre tomó la decisión de escribir el que fuese el primer libro de la historia, ¿quién fue? Es algo que quizá nunca sepamos y, ¿por qué lo escondió?, tampoco será clara la respuesta. Pero si hay algo que está claro, es que creó el más maravilloso arte del universo, la figura más importante de un artista, “el libro”.

Dando comienzo a esta extenuante, pero fascinante travesía, y aún sin conocerlo, vinieron tras él centenares de monstruos literarios de diferentes géneros, con diversidad de idiomas y, sobre todo, con plumas y versos alucinantemente fabulosos, creando y dando vida a miles de personajes que quedarán para siempre latentes en la historia de lo que hasta hoy ha sido un arte.

Desde el mágico mundo de Friedrich von Schlegel, con su enloquecedor romance, hasta el terror de Edgar Allan Poe con sus espeluznantes cuentos. Cada letra que ha sido escrita, ha viajado divulgando imaginación en cada partícula que el aire eleva por cada rincón del cosmos mismo, dando al ser humano el poder de viajar a mundos desconocidos y lejanos con solo hojear al más poderoso artefacto de locura y admiración.

Evidentemente, cada era ha traído consigo diferentes cambios y, aunque los mismos escritores creyeron que cada una de ellas significaría el fin de los libros, cada ingeniosa y mejorada arma de destrucción imaginaria no ha logrado diluir la majestuosidad del rey de dagas en el mundo. Con la llegada de la Internet en la década de 1990, el mundo literario se llenó de espanto imaginando lo inimaginable, la pantalla reemplazando al mágico olor del espíritu embriagante del saber, pero no fue así, esta era de incomunicación trajo consigo un mayor auge a los libros: aquellos seres cultos y literarios preferían un mundo rodeado de palabras y refrescar la mente en una librería antes que naufragar en el mundo virtual.

Sin embargo, de pronto llegó el mayor asesino de la historia: “el ser humano”, y convirtiendo su espíritu noble en lo más avaro e impune de su ser, revivió a Víctor Frankenstein creyéndose Dios entre los dioses y dando vida a lo que él mismo llamó “inteligencia artificial”, siendo éste el comienzo del temor más grande de la humanidad artística. Con ello han llegado miles de interrogantes a nuestra mente: ¿podrá el ser humano dar por terminada su propia existencia con su propia creación? ¿Es posible que el arte sea reemplazado por el frío corazón del metal o por la suprema energía de la programación?, cada interrogante trae de la mano a muchos otros que taladran nuestra mente y gobiernan nuestros pensamientos razonables.

Hoy Sophia, el primer ente artificial declarado ciudadano, es un perfecto ejemplo de lo que un día viviremos. Felicidades a aquel que logró su creación, que por un momento se creyó el dueño del mundo. Felicitaciones a aquel que cree que transformando un poco de metal en un “ser humano” encontrará su propia gloria, felicidades a aquel que fingiendo ser sensato, interpreta el mundo pasajeramente. ¡Lo has logrado! Cumpliste la profecía del fin del mundo, diste comienzo a la revolución, empezaremos ahora a ver al punto fijo del final del túnel que nos llevará al abismo de la perdición. ¿Acaso puede un ser humano ser tan estúpido? ¿Acaso la vida tiene comparación con la existencia? Somos víctimas de nuestro propio invento y día tras día experimentamos situaciones y facetas de locura que conllevan el final.

Se ha dicho que si una máquina responde al interrogante más grande del universo, entonces podrá ser parte de la humanidad. Hoy ella tiene una respuesta mejor que la que el mismo creador podría dar. “Demuéstrame que tienes conciencia”, y entonces no sabemos qué responder. No obstante, ellas sí, sensata o programadamente la respuesta más sabia será: “demuéstrame que tú la tienes”, y entonces con la boca cerrada, daremos vuelta y viajaremos por un mundo de interrogantes mayores a los muchos que ya circulan en nuestro cerebro.

Entonces ya la profecía está escrita, nuestro mundo está en vía de extinción, llegará el momento en que todo se acabe, en que las máquinas gobiernen el universo y creen lo increíble. Pero, ¿puede una computadora, un robot o una programación crear arte, dar vida, tener sentimientos, crear consciencia, si es que esta existe?

Solo cuando una inteligencia artificial sea capaz de crear un poema tan hermoso que toque el corazón de un ser amado, en el mismo momento en que un libro sea escrito verso a verso y letra tras letra por una máquina tan mágicamente como el ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha, enamoraba a su amada dulcinea y peleaba con los gigantes molinos de viento; cuando el pincel de una pintura no sea dirigido por una mano humana y en cambio de esto sea un robot capaz de convertirse en el Da Vinci artificial de la historia; cuando Miguel Ángel sea reemplazado por las esculturas magníficas del poder artificial; cuando la música no sea la inyección diaria de armonía, porque será reemplazada por energía; o simplemente cuando las letras ya no hagan parte de la materia prima de la sabiduría humana; entonces ahí diremos que nuestra historia en el universo culminó, que la última lágrima pura de un ojo enamorado fue derramada, que la imaginación de un niño ha sido derrumbada por gigantes de metal, que fuimos los seres humanos víctimas de nuestra propia creación, que nos dedicamos a criar cuervos que, revelándose ante sus amos, nos han cegado dando fin a la luz de nuestro mundo y dado por terminados los pasos de nuestra existencia