Campamento 1: Esta bueno ser animador.

“No todo está perdido cuando puedes ver en el rostro de un niño su magnífica sonrisa.”  Anonimo

En mi primer año como  animador (2015)  me había tocado ir al campamento del jardín de infantes del club por estar en animación,  en verdad  estaba  queriendo saber cómo sería. Ya había tenido algunas experiencias con niños como el día del niño  y el día del amigo.  Pero aun así era una nueva prueba para mí hacerlo todo un día con estos niños.  Lo primero que recuerdo fue que me dormí y llegue faltando  veinte minutos para ir al  ómnibus pero fue suficiente para saber que me había tocado el grupo de tres y algunos  que aun tenían dos años. Después de ir al ómnibus con ellos, de abrochar para que todos tengan su cinturón puesto, yo me quede parado en el viaje para conocerlos, al menos me había puesto en el objetivo de conocer su nombre antes de llegar al campamento, entonces se me ocurrió un juego para saber su nombre.

  • ¿Saben qué? Yo acá tengo una carta súper secreta invisible que solo la puede ver papa Noel, me tienen que decir su nombre y que quieren para navidad – dije

Lo que pensé que no iba funcionar,  fue todo lo contrario, de nombre y regalo, y hasta con un poquito de confianza ya se animaban a decirme “Para, ¿ya lo mandaste? Es que también quiero otra cosa”.  Fue así como los conocí   a todos los de mi cabaña  yalgún otro más. Después de eso ya me presentaron al fatal de mi grupo llamado Franco, inquieto  a más no poder y prácticamente me dijeron “marca personal” a él. Después de conocer las cabañas almorzamos, pero había un ligero problema era pastel de carne y verduras. ¿Y adivinen qué?  Yo no como casi ninguna verdura ni tampoco pastel de carne, entonces me enfrente a una pelea interna, comer y dar el ejemplo o ser tremendo caprichoso de grande no comer nada dándole la escusa perfecta para que los niños no comieran. Finalmente después de meditarlo un minuto, tome la decisión.

  • Cerra los ojos y hace que es un plato de tallarines– me dije

Y empecé,  a decir verdad no estaba nada mal.  En la tarde como llovió se cambiaron los planes pero no por eso los niños no se divirtieron ya que hicimos algunos juegos.  En la noche con la cena y el fogón con lo que esto implica  como las canciones y la hora de la noche ya era momento de que vayan a dormir. Entonces  en ese momento fue   que sentí miedo,  me preocupaba no poder ayudar a hacerlos dormir ya que para muchos era la primera noche sin sus padres. Pero por suerte, después de hacer dormir a dos niñas de tres años con él sobre dormir, iba hacer dormir a  otra mas y me mira  a los ojos como pidiéndome algo.

  • Yo sin mema, no me duermo – dijo
  • Si, dale, vos si cerras los ojos vasa a ver qué dormís – dije pensado que era un invento de nena chica
  • No, mira que es verdad, sin mema no se  duerme – dijo la maestra y me dio su mamadera para que vaya.

Estoy seguro que mi cara era un poema ya que  nunca había hecho una mamadera  en mi vida. Emprendí hacía la casa de la directora, le pedí la llave  y ella me acompaño para solo decirme donde estaba cada cosa. Es entonces que abrí la  bolsa de leche y rellene la mamadera hasta la medida que me dijo la maestra pero de repente me paralice, pero que había muy importante que me olvide de preguntar, casi  tan importante que no sabía qué hacer.

  • Mierda, ¿Cuántas cucharadas de azúcar pongo? – me pregunte tomándome la cabeza como si fuera un problema de matemática que hay que despejar la x.

Después de  un minuto de reflexión decidí poner las mismas  cuchadas que a mi me ponían de niño.

  • Ya fue, pongo dos cucharadas – dije

Una vez puestas las cucharadas, calenté la mamadera y regrese a la cabaña. Le di  el biberón y se durmió. Una vez dormidos todos, yo también me dormí. Mientras pensaba que hasta las ocho y media  nadie me iba  a molestar, todos iban a dormir como los ángeles que son.  A las 7 las dos niñas a mi lado, me decían que era de día, mi deseo de dormir hizo que cerraran los ojos para que durmieran un poco más.  Pero eso solo duro media hora, porque ya todos  estaban despiertos sacudiéndome el hombro para despertarme

  • Tomi, mira ya es de día – decían.
  • Sí, pero es muy temprano, si dormimos un poco mas vamos a tener más fuerzas para los juegos – dije
  • Pero es de día – me dijeron

Entonces hice algo que seguramente sea una de las tantas cosas por las que me vaya al infierno.

  • ¿Ustedes sabían que a papa Noel les da regalos a los niños que duermen mucho no? – pregunte

Así  es, los chantajee con Papa Noel para que yo durmiera un poco, lo sé no tengo ningún tipo de escrúpulo. Pero ni con eso me hicieron caso, ahí fue donde aprendí que no se puede ganar una discusión con niños de tres años, te ganan con insistencia y con esos ojos que te hacen saber que perdiste.

  • Bueno, hagan la fila para ir al baño – dije mientras me levantaba.

Igualmente prefiero que hayan despertado así y no en el campamento del año pasado que me desperté con dos niños caminando sobre mi espalda,  seguramente la persona que este leyendo esto se ría un poquito de mis ocurrencias o situaciones divertidas que soplo me pasan a mí.

Siguiendo con la historia las  maestras los llevaron,  y se fueron a jugar al mismo tobogán y otros juegos  que el día anterior no habían podido aprovechar por la lluvia.  Pero como dije sabía que me había ganado el infierno, todo por dormir un poco más y lo peor es que no funciono. Después del desayuno, Franco se metió al juego más alto y además se venía la búsqueda del tesoro.    Cuando le dije bájate como tres veces y no hacía caso. Fue entonces cuando recordé el consejo del profe Seba,  y la verdad podía funcionar. Saque el teléfono e hice que marque un numero.

  • Hola mama de Franco, vos sabes que te voy a pedir que lo vengas a buscar, no se está portando bien sabes – dije

Al ver que estaba empezando a gritar lo creí una buena señal, es encones que tomo aire para seguir.

  • Mira, está en el juego más y no está queriendo bajarse. No, la verdad que ya nos e que hacer, pero bueno si lo tenes que venir buscar yo ya te paso la dirección –  en ese momento empieza  a bajar del juego – ¿sabes qué? No paso nada, ahora si está bajando – dije

Mientras lo llevaba al juego, me reía para adentro y me di cuenta en los campamentos “el Bola” un profe de gimnasia en la escuela  me hacía lo mismo en algún que otro campamento y ese día descubrí esa mentira pero a la vez muy efectiva, simplemente aplaudí al “Bola”, la verdad que de los mejores maestros que tuve y que en algún momento tendría que dedicarle uno de estos cuentos.  Es entonces que un tiempo después empezó el tesoro, y una vez más Franco se iba  para cualquier lado, entonces  cuando me sentí mal, hasta un poco enojado   y le dije “bueno dale seguí solo”.  Lo que considere un error al instante de decirlo afortunadamente, se convirtió en algo muy lindo porque   se puso a llorar solo para entonar un “extraño a mi mama” lo que siguió un abrazo que me tiro al piso  con tanta fuerza y me mato la espalada. Yo entre calmándolo y con el  dolor en la espalda.

  • Franco, muy lindo este momento pero dale levántate que tenemos el tesoro – dije

Desde  ese momento vi como el tesoro transcurrió normalmente el tesoro y Franco me hizo caso en todo, es mas no se despegaba de mi mano hasta el almuerzo.  En la tarde por más juegos que jugaron los niños estaban muy cansados  a tal punto de que si podían se dormían en el pasto. En  el ómnibus se noto  ya que todos los niños dormían profundamente mientras los animadores contamos nuestras experiencias, yo conté orgulloso que había logrado que había logrado que todos los de mi cabaña se habían encariñado conmigo que como una de mis primeras experiencias como animador estaba realmente orgulloso, tanto que  hasta el más fatal me había abrazados y contado que le pasaba.  Entonces Laura, una de las animadoras me mira para decirme algo que arruinaría un momento tierno pero a su vez ahora me mato de la ría.

  • Vos sabes que Franco tiene la cabeza blanca de piojos ¿no? – me dice
  • No, no, no. No me digas eso – dije
  • Y bueno, pásate peine fino – dijo sonriendo por mi mala suerte.

A pesar de hacer mamaderas, creer que el pastel de carne son tallarines, estar  en riesgo por un abrazo  de piojos y chantajear con papa Noel. Haría  todo eso nuevamente, bueno lo del chantaje no. Pero hablando en serio  me  divertí realmente en ese campamento porque como   digo, una sonrisa de un niño a mí ya me iluminaba y lograr sacar bastantes sonrisas ya con eso estaba feliz conmigo mismo. Porque ya lo dije y lo vuelvo a decir, los niños son ángeles sin alas que su felicidad no solo hace feliz  a uno sino a todos los que los rodean.