Ángeles sin alas

“La mejor forma de hacer buenos a los niños es hacerlos felices.” – Oscar Wilde

Si tengo que ser sincero yo entre a animación por varias razones,  porque siempre me lleve bien con nenes chicos, porque siempre me gusta hacer cosas nuevas y diferentes, porque así con todo lo que fuera a aprender pueda llevarme incluso mejor con mi ahijada Juli, al menos en ese momento eran mis razones. El cómo entre fue algo cómico y lo recuerdo patente como si fuera hoy, era el primer día de junio pregunte si era posible entrar, lo que me contesto la administrativa fue que no había problema porque el curso recién  había empezado.  Es entonces que a la mañana  tome mi primera clase de natación y más a la tarde emprendí camino hacia el club. Una vez llegado me doy cuenta que no era  a las 7, sino que era 7 y media, había leído mal  el papel, aproveche para preguntar donde era la sala de animación que decía el horario.

Una vez llegado veo  a un grupo de jóvenes,  no es que yo sea viejo sino porque se notaba que todos eran más  chicos que yo, y cuando me ve el profesor es cuándo me preparo para hablar.

–  Disculpa, esto es animación ¿no? – Pregunte nervioso

–  Si – contesto.

–  Quisiera entrar, sino es molestia – dije con mi educación de siempre.

–  Empezamos hace 2 meses ya – dijo.

Eso  fue como un jaque, porque me dejo sin respuesta. Cuando el profesor se fue, que posteriormente solo pregunto mi edad y ahí esperaba. El me invito a quedarme pero dijo que no le gustaría que me fuera porque no seguía el ritmo, para mis adentros reí, yo solamente me lo tome como un desafío más. Desde ese día hasta hoy sigo en animación pero esta no es una historia ni de animación, ni del grupo (por más que es uno de los mejores grupos que conocí). Es la historia del porque me encanta animación que hasta puedo llegar a decir que fue una de las mejores decisiones de mi vida.

Ese enamoramiento con animación fue al  mes de empezar, en las vacaciones de julio que en el club lo llaman Julianas (las actividades de las vacaciones de Julio), esas 2 semanas chicos y chicas de 5 a 12 años lo pasan en el club y hacen distintas actividades. Ya el primer día me conquisto el ambiente sin saber porque esas miradas sonrisas me habían invitado a que  me quedara, mientras entraban todos  y los conocía uno , los  veía jugar al futbol o sentados en una  rueda jugando al pato ganso, otros a la mancha,  aunque recuerdo que a uno de 5 que lo acabaran llamando “El coqueto” un niño que jugaba al futbol y no sudaba  ni una gota, al principio solo se sentaba en un banco y miraba callado, Hablaba con los niños que no jugaban y quedaban sentados entre ellos el mismo coqueto, después de ir y venir  de la piscina,  al vestisre todos el coqueto fue el primero en terminar  lo que para mí era más llamativo al ser el más chico y sabia vestirse solo además de ordenar la mochila con una facilidad  llamativa para ser de 5 años.  En ese momento hubo algo que me enterneció el alma.

  • ¿Puedo hablar con vos? – me pregunta el coqueto mirándome a los ojos.
  • Obvio que podes hablar conmigo, ¿De qué queres hablar? – Le contesto sonriendo sorprendido
  • De futbol – Me dice serio, y hasta timido como si tuviera miedo de que no pudiera hablar de eso.
  • Bueno hablemos de futbol, ¿Sos de Peñarol? – Pregunte
  • No, del Barcelona – me dice
  • Ah, ya veo por Suarez – digo más como un pensamiento en voz
  • No, por Messi – me dijo serio para después con una sonrisa, para seguir con :

–    Hasta tengo su camiseta mira.

En ese momento lo supe,  cuando mire sus ojos y sonrisa el solo  quería hablar así sea de la inmortalidad del cangrejo.  Tuve que cambiar el tema de la charla de Suarez, Messi y Neymar cuando otro de los niños  quería hablar del padre de Cavani que en ese tiempo era noticia por  estar preso. Para no asustar a los mas chiquitos conté un chiste más malo que bueno pero sirvió.

  • Les tengo pregunta: ¿Qué diferencia tiene un elefante y una pulga? – ante el silencio de todos, les contesto – que el elefante puede tener pulgas  pero los pulga no puede tener elefantes.

Sé que el chiste no es malo, es malísimo pero había logrado mi cometido y ellos se habían olvidado de lo del padre de Cavani.   Después de ese  primer  día supe que al menos con el coqueto había pasado y ganado su confianza,  y después a lo largo de las dos semanas el coqueto fue perdiendo timidez hasta tal punto de meterse con total confianza la piscina  y hacer tantos amigos jugando al futbol o bowling  que poco a poco ya no necesitaba a “Tomi animador” para hablar. Pero también hubo otros  niños como que también poco a poco se ganaron mi cariño y hasta me hicieron resolver situaciones que  en el día de hoy  realmente me mato de risa  cuando me acuerdo.

Por ejemplo  habían dos mellizos  que se notaba que  eran cómplices en todo, lo que uno hacia el otro lo apoyaba  de una manera incondicional.  En una de la tantas charlas en el vestuario ellos eran los últimos en irse. Cuando juntaron sus mochilas, se sentaron como un desafío.

  • Dale que ya están prontos, vamos al gimnasio – dije
  • ¿De dónde salen los bebes? – preguntaron
  • ¿Perdón? – pregunto haciéndome  el boludo
  • ¿De dónde salen los bebes? – preguntaron nuevamente
  • Yo que sé, pregúntenle a sus padres – dije

No quedaron conformes pero invente una llamada del profesor y no  tuvieron más remedio, pero en el día de hoy me rio hasta lo nervioso que estaba pero  puedo decir que zafe.

Esas dos semanas también vi que hay niños con sus historias, después de todo  ya con cierta edad todos tenemos una especie de mochila o pasado. Y a veces solo quieren ser escuchados porque “el coqueto”  en verdad no quería hablar de futbol quería hablar de lo que sea como  ya dije.  Como también vi con Beto,  otro niño de 8 años, que era totalmente obediente, alegre y más bueno que el pan después de olvidarse la ropa de piscina un día, agarramos  confianza simplemente porque siempre sonreía y te tiraba un chiste bastante mejor que los míos (no se necesita mucho merito tampoco). Pero después de también casi dos semanas  cuando todos empiezan hablar de sus abuelos en el vestuario después de nadar y él se me acerca,   para hablar bajito.

  • ¿Vos sabes porque no tengo abuelos? – pregunta directamente
  • No, no se- dije
  • Porque soy adoptado, hasta hace poco yo y mi hermana estábamos en un orfanato – me dijo sin mucha  anestesia
  • Entonces te admiro mas porque con tu alegría se nota que sos muy fuerte y eso  está muy bueno – dije y lo abrace

Esa historia me llego demasiado al corazón por un lado me sentía un poco triste por su historia pero me sentía un poco más feliz porque él a pesar de eso estaba tan feliz con su nueva familia y siempre con una sonrisa, es decir se notaba que estaba  muy feliz  además de que estaba un poquito feliz de que había animado a contarme algo muy privado, creo que me conmoví ese día al irme a mi casa no podía estar tan conmovido de que a veces solo con escuchar podemos hacer mucho bien.  Ese día jugaron al futbol otra vez después de la piscina, y en ese momento pensaba para mí Beto tiene condiciones de jugador  es más hasta  no me acuerdo a quien le dije que ahí estaba el próximo Cebolla Rodríguez, ya que movía bien la pelota y era muy rápido,  pero es un niño y además de cada persona debería hacer lo que quiere.

Aunque no parezca también enseñe un poco, por ejemplo a Fabián otro chico de 6 años que no quería ir a la piscina pero nadie sabía por qué. Y el profe encargado de las julianas se estaba enojando ya que no quería  ir a la piscina,  entonces no se cómo explicarlo pero cuando lo vi sentado a Fabián a su lado su short, chancletas, jabón  mientras que  la gorra de baño al otro lado,  lo entendí.

  • Profe, dame dos minutos con él, vos anda con los otros que él va a ir a piscina – dije al profesor

Sera que el profe también  me vio  con confianza, asintiendo se fue. Lo vi a Fabián y me senté al lado de él.

  • Te voy a contar un secreto pero no podes decir nada, a mi con 9 años me costaba un montón ponerme la gorra de baño y me enojaba mucho, así como vos ahora que  estas enojado porque viste que todos se saben poner la gorra de baño menos vos. Te entiendo porque a mí también me enoja muchísimo cuando todos pueden hacer algo y yo no.   Pero te enseño,  esto  no es difícil– dije

El solo hizo si con la cabeza.

  • Dale, prepárate y  vamos al espejo. –  dije con una confianza que me desconocía en ese momento

Cuando se puso el short, las chancletas, la toalla y nos paramaos frente al espejo. Le pedí prestada la gorra de baño.

  • Mira te voy a mostrar como yo lo hago,, tenes que hacer una línea con los dos dedos y apuntarte a la frente y vas a ver cómo queda perfecto – dije mientras  me ponía su gorra para mostrarle.

Le di la gorra, cuando hizo sin quejarse y ver que le quedo casi perfecta, fue donde ambos reímos y ya fue  a la piscina con otra cara de felicidad. Yo me iba con una sonrisa a que se me iba de oreja  a oreja. El saber eso ya le dio como  otra soltura, y como  que el aprender algo lo iba haciendo un poco más feliz, a cualquier edad ser un poquito más independiente nos hace ser un poco más felices.

Cuando llego el  último día y veía como algunos se despedían, yo los miraba como ellos disfrutaban el último almuerzo para después ese lunes volver a cada uno a sus escuelas,  hasta hubo algún abrazo de ellos hacia mí  y veía que no fueron solamente dos semanas, ya que no podía negar que me había encariñado con todos. Una vez que todos se fueron  y mientras comía bizcochos en la sala de animación con los otros compañeros festejando las dos semanas podía  oír en la radio se escuchaba Rombai o Marama.  Mis compañeros animadores hablaban pero yo  no estaba ahí  estaba demasiado ocupado pensando que fue un gran acierto unirme a  animación ya que además de este buen grupo de animadores también me había sentía un gran cariño por estos  ángeles sin alas.

Porque por más que después de esas julianas con otras actividades aprendí juegos, adivinanzas (una obsesión que hablare en otra oportunidad),  entre otras cosas vi que esto realmente me gustaba, el hacer feliz a otras personas sin importar la edad. Lo puedo hacer  mal o bien, pero siempre con mi mejor esfuerzo. Pero lo que siempre digo es que cuando ellos te miran a los ojos y vos sabes que confían en vos, o cuando sabes que fuiste vos  la persona que los hizo reír  o con una sonrisa que te den son esos momentos que te hacen sentir orgulloso de vos mismo. Si alguien me está leyendo y si después de esta historia  aun duda si hacer animación o no, yo les digo que se decidan que si sin dudarlo, porque una mirada, una sonrisa o risa de estos ángeles sin alas hace que todo valga la pena.